A vosotros no les aconsejo el trabajo sino la lucha.
A vosotros no les aconsejo la paz, sino la victoria. ¡Vuestro trabajo debe ser
lucha y vuestra paz, victoria! Solamente armado con arco y flecha es como puede
callar y estar quieto; de lo contrario se parlotea y se protesta. ¡Vuestra paz
debe ser victoria! ¿Qué la buena causa santifica hasta la guerra? Yo les digo
que la guerra santifica todas las causas. La guerra y la valentía han hecho
cosas más grandes que el amor al prójimo. No vuestra compasión, sino vuestra
valentía han salvado ahora hasta ahora los accidentados. Preguntáis “¿Qué es
bueno?”. Ser valientes es ser buenos. Dejad que las niñas digan: “Es bueno lo
que es bonito y enternece”. (NIETZSCHE)

viernes, 11 de junio de 2010

LA FALTA DE COMPETENCIA




La filosofía es para los ancianos, digo esto porque la mente necesita desligarse de las sensaciones y de los instintos para pensar con pureza. Al joven por uno y otro lado le acecha los placeres carnales, su mente anda entre la carne y el espíritu. Sin embargo, en estos últimos siglos hemos vivido a la champa, el débil vive como fuerte, los esclavos mandan, la mujer quiere ser hombre, etc., esta queja es la misma que lanza Guamán Poma en su carta al Rey, que el mundo está al revés. El mundo de las ideas, lo ideal, no se cumple en la realidad, hoy la frase “¡qué importa!” pulula hasta en los más idealistas, qué se va a hacer, así es la vida.


Un joven filósofo es una contradicción, pero se da. Es un hecho que jóvenes estudien filosofía en la Universidad.


Ante ese factum hay que tomar decisiones. Por ello la pedagogía de los profesores de la escuela de filosofía debería adecuarse ante esa situación. Pero no es así. El objeto es un ser humano que está ardiendo de pasiones, ese es el obstáculo para los profesores de filosofía, porque ante una cita con una chica bonita o estudiar para un examen de Platón, es más seguro que vayan a lo primero, y es lo más normal.***


La mayoría de profesores piensan que los estudiantes de filosofía son unos ancianos (más allá del hecho de que la filosofía sea para los ancianos, y para los jóvenes la guerra). Si mañana hay un examen de Tomás de Aquino, por ejemplo, y justo hoy tengo una fiesta en donde voy estar con una chica que me gusta, yo como joven estudiante de la UNMSM voy a la fiesta, porque sé que ese profesor siempre aprueba. Con ello me perdí al no leer un gran texto de Tomás. Pero si yo sé que ese profesor es drástico y obliga a que estudiemos porque si no nos jala, entonces dejo toda fiesta y me pongo a estudiar. Si, por otro lado, soy aplicado y me olvido de la fiesta, aun sabiendo que ese curso se aprueba a priori, llegado el final del curso todos tienen casi la misma nota, digamos todos tienen 16. Siento entonces una total desazón.


En aquellos dos ejemplos se manifiesta un rasgo importante de un estudiante joven: la voluntad. Lo que deberían hacer los profesores no es hacerse los ciegos ante la existencia de los instintos en el joven, sino aprovecharlos para el provecho de la escuela misma. El deseo sexual primó ante el amor a la sabiduría, en el primer caso; en el segundo, el deseo de ganar la competencia, o sea ser el mejor en el salón, se reprimió. Los dos resultados fueron en detrimento de la Escuela. El primero se vuelve un estudiante mediocre, el segundo un estudiante desencantado de lo que hace.


El problema está en que en la Escuela, la mayoría de profesores, no ponen presión, y creen que somos unos ancianos que no tenemos cuerpo y que por nuestra propia cuenta vamos a estudiar, como sí lo haría un anciano. Al joven le interesa la competencia, si se quiere unos filósofos viriles, ganadores, competidores que no le tienen miedo a nadie, se debe incentivar a la competencia.La competencia es propiedad de la juventud, el goce que causa un triunfo arrastra a uno a realizar cosas inverosímiles. Si yo sé que si me saco la mayor nota voy a ser premiado con algo, al menos con la mención del profesor, entonces en una noche me puedo leer 400 páginas. Pero si sé que no tendré ningún goce, no llego ni a las 10 páginas.


En la Escuela de Filosofía falta incentivar a la competencia. Falta manipular la voluntad del estudiante para desarrollar su mente. Ante ello, por qué no mencionar a Fernando Muñoz, Dante Dávila, Ana María Gispert Sauch, JaimeVillanueva, David Villena, ellos obligan, ponen presión, dan miedo, así aprende un joven; un anciano no necesita ser presionado para estudiar. No hay concursos, publicaciones, premios, nada que incentive la competencia.

Jaime Pereyra (2008)


3 comentarios:

Francisco Ramos dijo...
Compañero Pereyra:Es problemático lo que plantea. Disculpe que me centre en la parte final de su texto, pero estoy a punto de realizar un dictado para unos jóvenes preuniversitarios: ¿dice que se aprende mejor por el miedo y la presión? ¿Por un mejor sentido e incentivación de la competencia?Es difícil aceptar ello, compañero. Le planteo lo siguiente. Cabría averiguar en qué medida el temor y el miedo son pulsiones tan o más invasivas que la búsqueda del placer o el amor. El miedo no disciplina. El miedo degrada.Por otro lado: la competencia, ¿no se deriva del hecho de temer ser excluído de un grupo selecto de "héroes" que han cumplido con el objetivo de agradar al profesor, ciñéndose a su punto de vista (muy) subjetivo sobre la realidad y problemas que integran la realidad?Evalúe eso, joven Pereyra. Yo también soy joven como Ud. No etiquete a los individuos por cuestiones generacionales.
31 de enero de 2009 16:00

Francisco Ramos dijo...
Retomo el comentario anterior, añadiendo un punto más. Reconozco que señala un problema real: la mediocridad de la enseñanza de la filosofía en San Marcos. Eso es correcto. Nadie puede negar eso. Lo dificultoso es el análisis que hace de la situación.Habría que tratar de vincular dicha mediocridad a hechos concretos por los que ha pasado nuestra universidad. Por ejemplo, la intervención militar del Estado durante la época fujimorista, del cual quedan muchísimos rezagos. Si se da cuenta, el discurso meritocrático (que plantea la importancia de que sólo "los mejores" integren la Universidad) proviene de aquellas épocas. El pretexto era ordenar San Marcos, pero ¿a qué costo?Por eso, compañero, habría que analizar el transfondo de corrupción bajo el que se desarrolló el proceso de intervención. Evaluar las conexiones del discurso meritocrático con los objetivos estratégicos del fascismo en la Universidad y demás instituciones de "educación superior", que apuntaban a hacer una "limpieza" de los elementos más conscientes del estudiantado. Verá que el único objetivo no era aminorar la "carga hormonal" de los jóvenes, sino también su espíritu de lucha y su capacidad de organización autónoma.Un joven no va a la Universidad sólo para llenarse de conocimientos prefabricados, sino para producir conocimiento, y hacer que éste sea aplicable. Obviamente, dotar de aplicabilidad a la investigación requiere no desconectarse de la realidad, no encerrarse en la lectura de libros nomás, sino también enraizar los estudios en las actividades productivas y organizativas de nuestro entorno social.Como verá, los estudios de filosofía en San Marcos no ofrecen eso (y esto sucede incluso en las clases de los profesores que menciona, tal vez con mayor "radicalidad"). ¿No cree que esa es, por lo menos, una de las fuentes principales de la desidia estudiantil, más allá de las pulsiones genitales?
1 de febrero de 2009 06:19

César Gómez dijo...
Antonio, no estoy de acuerdo con esa búsqueda del temor para el cumplimiento de los deberes de los estudiantes. Mi desacuerdo se origina en que el cumplimiento de la responsabilidad que uno asume al ingresar a la universidad no debe ser motivo de pánico. Algunos profesores se complacen en mostrar los estrictos que son y se regodean comentando el temor que producen entre los estudiantes. Esta actitud, en mi opinión, es mediocre. Estoy de acuerdo en que los horarios se deben cumplir, concuerdo contigo en que las notas deben ser asignadas con justicia (y con base vigesimal, porque hay mucho profesor que afirma que su tope es el 15 y que por eso es mejor profesor) y no puedo más que asentir ante tu preocupación ante la virtual inexistencia de concursos o incentivos. Pero mi crítica apunta a otro aspecto que considero más importante, estimado Antonio, y tiene que ver con el ejemplo de los docentes.Tenemos una abrumadora mayoría de profesores que asisten a clase, pero no escriben, que toman exámenes profundos, pero no participan como intelectuales en el mundo fuera de los muros del salón. Yo entré a estudiar Filosofía y no Historia de la Filosofía, que siendo una disciplina indispensable para la primera no es su fin. Qué grata sorpresa fue encontrar el blog de Gonzalo Gamio que activamente participa de la polémica sobre asuntos de interes general desde el punto de vista de un filósofo ¿te imaginas a alguno de los profesores que enseñan en San Marcos haciendolo? ellos prefieren desvelar a los alumnos con el temor al examen o decir frases rotundas para que su corro los celebre. Yo estudie 5 años en san marcos y nunca vi un debate entre profesores , pero un verdadero debate no una danza de palmaditas en la espalda.Si nunca he visto a un filósofo de verdad en la práctica, desenvolviendose entre las contradicciones de un intelectual en el Perú ¿como me voy a interesar genuinamente en la filosofía? ¿a punto de fotocopias? ta dificil estimado antonio

sábado, 17 de abril de 2010

Marx y la esencia de Dios




Tenía razón Marx cuando decía que el hombre proyectaba sus deseos en Dios, y tenía razón, porque hay una proyección de mi esencia en lo divino. Palabras como la cristiana que dice “Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza” son muy ciertas, y más ciertas aún si invertimos esta frase así: “el hombre figura a Dios a su imagen y semejanza”. Lo que ocasionó el pensamiento de Marx sobre la religión fue que todos pensaran que el hombre crea a Dios, que es un simple fantasma creado por el hombre para justificarse de sus debilidades. Interpretación errónea, porque lo que hace el hombre es figurar a su imagen y semejanza a Dios, mas no lo crea; la captación divina, la experiencia religiosa viene a ser un hecho innegable (Schleimacher, Otto, Eliade), es un hecho que somos finitos y que a partir de ello concebimos la infinitud, a la que llamamos Dios. Es decir somos dependientes de algo más amplio y poderoso que nosotros, pero que en diversas culturas se lo ha imaginad de diversas formas. Lo dicho por Marx vale para la interpretación de Jenófanes acerca de la forma y figura de Dios que el hombre concibe, pero no para desacreditar su presencia o, como lo han llamado, su existencia.
2008

lunes, 15 de marzo de 2010

USO Y ABUSO DE LA METÁFORA



La palabra de origen griego "isósceles" se compone de dos significaciones: 1) iso (igual) y 2) sceles (pie o piernas). Nosotros conocemos la palabra a partir de la geometría por el triángulo isósceles. La palabra, si la tomamos desde su significado originario, significaría "pies iguales" o "piernas iguales". Cuando los geómetras intentaron dar nombre a esa figura ideal que nosotros llamamos triángulo isósceles dijeron que era como "dos piernas iguales" o se parece esta figura a dos piernas iguales.


Es una ley que a nuestro mundo de representaciones aparezcan cosas nuevas al cual les falta poner nombre (darles ser). Objetos, figuras, situaciones o algún pensamiento nuevo siempre aparece a lo que nosotros conocemos y necesitamos nombrarlo de alguna manera. Para ello utilizamos las metáforas, las semejanzas. El material del cual nos servimos para hablar de lo desconocido o de lo a-nónimo son los nombres de los objetos o situaciones que ya conocemos. Para dar nombre a esa nueva figura que ahora se llama triángulo isósceles tuvimos que buscar semejanzas, a qué cosa se parece ese nuevo ente (ideal) y utilizamos el nombre de "pierna" y el relacionante "igual". De ese modo nuestro cosmos, nuestro mundo conocido, va llenando su repertorio de nombres (o entes) bajo el dominio de la metáfora.


Si seguimos esta lógica, es válido pensar como lo pensaron Lakoff y Johson en su "Metáforas de la vida cotidiana" que las palabras, especialmente las nuevas, se reducen a significaciones anteriores, a nombres o voces primitivas que ya no se reduzcan a algo más anterior.


Dar nombre significa emplear una metáfora, es la acción de dar ser a lo desconocido con nombres conocidos. En lenguaje kantiano diríamos que se da el traspaso de "la cosa en sí" al "fenómeno". En términos metafísicos, el paso del Ser al ente a través del puente lingüístico.


Se ha pensado muchas veces que la metáfora está solo bajo el dominio de los artistas, especialmente de los poetas. Como si el lenguaje cotidiano y dentro de él no se hablaría de metáforas. La existencia de palabras nuevas implica que se ha hecho uso de alguna metafora.


Mi crítica, a partir de esto, no se da contra el uso de la metáfora, sino contra el abuso de ella. "Buscarle tres pies al gato" en este sentido significa regodearse y vivir en la metáfora. ¿Para qué tantas metáforas? Las películas, las poesías, las creaciones estéticas (sensibles) pululan de metáforas y se piensa que mientras más difícil sea la interpretación, de una película por ejemplo, más vale.


Esta tarea de interpretar o crear metáforas más allá de lo necesario y que se convierte ya no en una tarea vital del hombre (como el de dar ser) sino en un pasatiempo, o en un hobbie, es lo que produce la mala literatura o las malas películas.


Nuestra tarea ya no es interpretar metáforas de metáforas, sino en interpretar las metáforas que hay en nuestro lenguaje cotidiano si así nos queremos acercar más al mundo conocido y desconocido que habitamos. Si las cosas, ideas o situaciones tienen nombre, ¿para qué darles otros nombres? ¿para qué hacer poesía de ellas? Hagamos poesía de lo desconocido, demos nombre a aquello que no lo tiene, no perdamos tiempo en jugar al niño engreído que escribe o pinta algo y al cual nosotros, como zopencos, debemos interpretar.




JAIME PEREYRA

lunes, 15 de febrero de 2010

El reinado de la apariencia



La esencia de la vida contemporánea puede sintetizarse en aquel aforismo muy conocido: "por fuera flores y por dentro temblores". Los seres humanos crecemos con esa consigna de querer aparentar felicidad, belleza, bienestar a costa de todo, sin que importe mi felicidad, mi belleza ni mi bienestar. Entre ser y aparacer no existe ya ninguna relación.


Es lo que ha causado la cosmovisión moderna cuando quitó de lado la idea de trascendencia, cuando quitó a todos los entes su fundamento. Ya no hay Dios, no hay algo así como la esencia, ni siquiera nada verdadero. Desligados los hombres de algo trascendental, entonces son empujados al mundo de la apariencia, a una filosofía solamente del ente, es decir, positivista.


Pero es muy fácil darse cuenta que es mejor preferir ser feliz que aparentar ser feliz. Uno luego se pregunta, ¿por qué entonces nos aferramos ahora más a la apariencia? De ahí le proliferación de fotografías sueltas en internet, donde los individuos buscan aparecer bien en la foto muy a pesar de perder todo lo que soy verdaderamente, las gordas quieren aparecer flacas, los feos quieren aparecer guapos, o sea, dejar de ser lo que son, y aparentar ser otro.


Las mujeres y los homosexuales son en su mayoría muy apegados a la apariencia. Es por eso que este mundo está dominado por estos seres. Basta ver los programas de televisión y encontrarán una gran fila de afeminados y mujeres poniendo su rostro en la pantalla e imponiendo de manera subliminal los valores que se deben seguir.


Los valores de la apariencia están dominados por su rechazo a lo trascendental, lo que importa es el presente, el instante y el olvido de lo transcurrido. Esto hace posible que se pierda la fe en la palabra. Otra vez, son las mujeres y los homosexuales los que en su mayoría no tienen palabra y como esto no pertenece a sus virtudes nadie se lo reprocha. La palabra dicha es pasado, y el pasado no importa. Por eso ya no hay algo así como "palabra de hombre".


Incluso los varones se están afeminando con este mundo de la apariencia. Hay más homosexualidad debido a que la mujer se fue a trabajar y a su rebeldía frente al hombre, lo que ocasiona las separaciones dejando niños sin imágenes paternas. Los hombres han cedido a la mujer, ellos "deben" enamorar, como si se estuviera conquistanto algo más que él. El romanticismo es una corriente cultural que endiosa a la mujer, nosotros diríamos, que endiosa la apariencia, algo que en el mundo antiguo no existía. El hombre, la verdad, Dios eran adorados.


Ahora se adora el instante, el punto y no el fondo.


Cuando nosotros vemos videos de cómo viven los habitantes de los países desarrollados, nos deleitamos de ello. Vemos bonitas casas, con parques, supermercados, alta tecnología, y nos admiramos. Pensamos que así se debe vivir, pero lo que no sabemos es cuánto ha costado levantar eso y a costa de quién. Todo "aparece" como bonito, pero en el "fondo" millones de hombres, de los países tercermundistas, han sufrido una barbaridad para poder levantar esas casas de los gringos, se han gastado los árboles, los ríos, el aire, la vida humana. Solo el dos por ciento de la población mundial da la idea con su forma de vivir que la VIDA MODERNA es lo ideal, mientras que los temblores lo sufrimos nosotros. Los latinos, los africanos, los asiáticos, los árabes.


Y todos queremos vivir como ellos, queremos estar en oficinas, gozando. Si todos fuésemos ingenieros, ¿quién sembraría nuestra comida? Es imposible que todos trabajen en oficinas, que anden haciendo negocios. Los campos se hacen urbes, se pone cemento sobre la tierra. ¿De qué comeremos? Si los estados pobres dictan en sus gobiernos una vida semejante a la de los gringos, donde haya puras ciudades, donde nadie tenga que trabajar la tierra, porque eso es antimoderno, donde nadie crie animales, en donde todo sea vidrio, metal, cemento, sin pizca de tierra, pues el polvo es para los pobres, para los antimodernos, para los antiguos.


Jaime Pereyra

http://antoniopereyra.blogspot.com


sábado, 2 de enero de 2010

LA DOBLE SIGNIFICACIÓN DEL TÉRMINO "POLÍTICA"





La palabra “político” o “política” son sonidos griegos. Esas palabras, casi como nos suenan ahora, se decían hace más de 2500 años en Grecia. Nosotros las seguimos utilizando; es por ello que, como toda palabra, ha ido variando su significación.

En estos tiempos, esta palabra está desprestigiada y ya no suena bonito a los oídos de quienes las escuchan como sí lo era antes, entre griegos y romanos. Una de las diferencias que hay entre lo que vivimos ahora y lo de antes era que antes los pueblos no tenían muchas personas, había más oportunidades. En nuestros tiempos, en cambio, la población mundial es exagerada.
Político viene de “polis”, que en griego significa “ciudad”, “estado”, “conjunto de comunidades”. La Política era una ciencia o técnica humana, no matemática, que estudiaba los problemas de la ciudad y los resolvía. Así como la ética era un pensamiento sobre nuestra vida individual, así la política era un pensamiento sobre nuestra vida social. ¿Cómo mejorar la sociedad?, ¿cómo resolver los problemas de mi comunidad?


Si nosotros entendiéramos que esto significa ser político, entonces no andaríamos renegando de los políticos de ahora. Pero el cambio de significado se debe precisamente al factor “multitud”. En el “ágora” griega o reunión de vecinos, las personas que tenían tiempo se acercaban a la plaza y daban su opinión o discutían los problemas de la ciudad, de tal modo que por votación a mano alzada se tomaba una decisión en nombre de la ciudad. Pero, poco a poco, el mundo, especialmente las urbes, se fueron poblando más. Ya no era posible una reunión entre vecinos, por el cual cada uno tenía derecho a hablar y a votar por cierta determinación. Era necesario un intermediario, un representante. La democracia representativa aparece cuando se hace imposible que todos puedan opinar.

Fue así que por comunidades pequeñas eligieran a un representante para que éste hablara por ellos. El “político representante“ supuestamente debe trasmitir las decisiones que se tomen en los foros de su comunidad a instancias mayores. Y este político era llevado en hombros, era buscado por el pueblo para que los represente.

Los tiempos han cambiado. El político representante ahora busca ser elegido primero, para después dar sus ideas. Para que pueda resolver los problemas de la ciudad, debe antes ser elegido para esa función. Por lo cual, el término “política” se amplió. Además de ser “un pensamiento para resolver problemas sociales”, es “una estrategia para buscar ser elegido representante”.


En los tiempos actuales, la segunda significación ha cobrado mayor fuerza y prácticamente nos hemos olvidado de su significación primigenia. Ahora “político” significa solo una “persona que quiere ser elegido representante”.

Pero si queremos recoger ambas significaciones, el político debería ser una persona que tenga una buena estrategia para que lo elijan representante y a la vez tener la capacidad de resolver los problemas de la comunidad. Y ésta no es una tarea deleznable, más bien virtuosa.

SER Y PENSAR: http://antoniopereyra.blogspot.com

viernes, 11 de diciembre de 2009

METÁFORAS SOBRE LA MENTE






¿Quiénes piensan mejor?



La mente es como una máquina que coge y une (en griego "coger" es "legein", de ahí viene la noción de "logos", "logía" que significa estudio) . Coge ideas y las une, coge visiones y las une. Y las une`para crear una solución, que también es otra idea o imagen.

Hay diferencia de grados entre las mentes o máquinas de cada hombre. Hay algunas que tienen cien manos y cogen muchísimas cosas a la vez, otras tiene solo dos o tres. También se diferencian porque unas manos o tenazas se mueven más rápido que otras, es como si a algunas les faltara el aceite.

La mente es eso: una máquina que coge ideas, las combina y crea una solución. El resultado puede ser otra idea u otra imagen. La máquina funciona mejor si es que tiene bastantes alternativas para escoger. Una mente es precaria si es que no tiene muchas imágenes o ideas que coger.

Las ideas o imágenes se encuentran en la memoria. La máquina es el esquema, las ideas e imágenes, el contenido. Seremos más sabios si tenemos una excelente máquina (rápida y con varias manos) y un gran bagaje de recuerdos (ideas e imágenes).

Para tener una excelente máquina es necesario adiestrarse: las matemáticas sirven para eso. Jugando con los números nos hacemos más veloces para crear. Y el bagaje de recuerdos solo nos dan nuestras vivencias y nuestros conocimientos. Aunque la mejor manera para tener un gran material de ideas y conceptos es la lectura.

Por ello no es que a mí me agrade las matemáticas o las letras y elijo un campo y reniego del otro. Ambos son imprescindibles para la vida práctica y trascendental. Estos dos requisitos escolares hacen posible que nuestra mente se desarrolle. Los estudiantes de la UNI, de manera general, tienen una excelente máquina, pero poco han vivido, poquísimo han leído. Los estudiantes de Letras tienen gran cantidad de información, pero tienen una pésima máquina, no les ha gustado las matemáticas seguro, por ello piensan más lento.

La esencia de la mente es resolver problemas para vivir bien. Pues hay otros pensamientos llamados deductivos que no crean ni hayan ni una solución. La creación es lo que nos identifica como hombres. Ymás problemas resolveremos si tenemos una buena mente matemática y un buen cúmulo de información.

Si nos conformamos con tener ideas o imágenes procedentes de nuestras vivencias, con las simples nociones que nos trasladan las imágenes televisivas y además no salimos al mundo, no nos enfrentamos con él, es preciso que tengamos una mente muy precaria, no muy craativa. Y si sumamos el hecho de que a uno no le gustan las matemáticas, es poco lo que puede esperarse.

Hablando entre filósofos, el filósosofo es el pensador por antonomasia, por ello debo decir que no hay filósofo que no le guste las matemáticas y mucho menos que haya leído poco. y lo más importante, que no haya vivido (visto) más de lo que es normal.

Pocos son aquellos que son matemáticos y hayan leído mucho a la vez. El ser humano de ahora debe tener esos dos atributos para que sea sano. De lo contrario no podrá defenderse de las erremetidas del vaiven sin destino de nuestras vidas.

Jaime Pereyra


jueves, 3 de diciembre de 2009

El que pierde no tiene ningún derecho, salvo el favor del vencedor


Resumen y comentario de la "Manifestación Histórico-Política de las Causas de la Revolución Americana" (“El folleto de las 28 causas”, 1816) por José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete



El ambiente en que vive José de la Riva Agüero se caracteriza por el entusiasmo que ha provocado la Revolución Francesa. A partir de entonces, todo país que se sentía oprimido no hacía otra cosa que cantar los postulados franceses de libertad y criticaban los poderes absolutos y tiránicos; en el caso del Perú, la gran masa de indios y mestizos llegará a un grado máximo de impaciencia y lo que hace el ideal francés es fundamentar el levantamiento, pues de tanto gemido y de tanta indiferencia, no había de tener otra salida sino la revolución.

Pero unos pocos años antes, los peruanos oprimidos no habían sentido ese derecho de revolución, no sabían qué era derecho a la vida, ni derecho a la libertad. Fue los ideales de la revolución francesa que dio a los vencidos una idea de respeto; se sintieron con la autoridad de pedir respeto por una simple cuestión de razón, porque nuestra esencia es racional. El hombre americano se había concebido siempre como esencia una especie de combinación entre el cuerpo y el alma y todas sus manifestaciones eran ejemplo de que en ningún momento despreciaron el trato con el cuerpo. Es con la llegada de los occidentales cuando la idea del hombre empieza a cambiar, poco a poco el ser que se concebía como cuerpo y alma ya para el año de 1800 se sentirá como un ser cuya esencia es racional. Basta eso para que se crea igual a todos los hombres y por derecho de igualdad pedirá respeto a su vida y a sus bienes.

Es José de la Riva Agüero quien se presentó como mensajero de los ideales franceses. “El folleto de las 28 causas” es un escrito donde prima la idea de que el hombre americano también tiene como esencia la razón. Esto es más o menos lo que dice:


LA SOCIEDAD CIVIL TIENE COMO FINALIDAD LA FELICIDAD DE SUS INTEGRANTES

Los estados americanos como el Perú tienen la categoría, según Riva Agüero, de sociedades civiles, que se gobiernan bajo un sistema de leyes; a partir de éstas se sabe lo que es justo o no. Es de suponer que Riva Agüero haya pensado, como es lógico, que estas sociedades se han originado a partir de un contrato (el contrato social). Esto hace pensar que alguna vez tanto los españoles y los americanos decidieron por conveniencia unirse y firmar un contrato o una constitución. Lo cual es falso, pues nunca hubo un contrato, ya que todo contrato no se hace por la fuerza. La unión por la fuerza no provoca de ningún modo un contrato. El español tomó por la fuerza el territorio americano. Pero en aquellos tiempos lo que dominaba era la ley de la guerra, es decir, el vencedor tenía todo el poder y derecho de hacer lo que quiera con el vencido.

El contrato, o la unión, según Riva Agüero, se da por interés y necesidad. Por otro lado, también nos dice que la guerra lleva a la conquista y la conquista a la preservación. Aquellas cosas, como volvemos a resaltar, son supuestos de Riva Agüero dominado por la cultura ilustrada y la revolución francesa. Ya que nada impide al conquistador destruir su conquista ni nadie obliga al vencedor a que haga un contrato a favor del vencido.

El favor es decisión del vencedor, no una obligación absoluta. Claro está que este modo de proceder llevaría a la anarquía mundial, por eso ya desde mucho tiempo atrás se habló de ciertas reglas de guerra. No evita que se hagan pactos o arreglos, pero esto no se fundamenta en derechos absolutos, como el derecho natural. No existe tal cosa como un derecho a la vida. Otra cosa es el hecho de que a un tirano le puede ir mejor si actúa en favor de subordinados, quizás sea lo mas correcto, pero de ningún modo es un derecho, algo por el cual nosotros exigimos que respeten nuestras vidas por cierta ley universal.

La primera fundamentación para la revolución americana es que si el subordinado, es decir el americano, no puede cumplir sus dos principales derechos (el derecho a la vida y el derecho a sus bienes), ya que sin estos derechos no puede vivir tranquilo ni puede vivir feliz, entonces una revolución contra el tirano es justificada, y es justa porque no hay otra salida cuando la existencia misma peligra. Se entiende que este argumento esta bajo el supuesto del contrato.

Una revolución en tal situación es valida. Es una reacción natural cuando un ser siente la opresión. Aquí no vemos una petición de derecho, es lo más normal. Es lógico que si alguien me está pegando yo reaccione también violentamente para preservar mi vida.

Pero de lo que no estamos de acuerdo es que el perdedor en una guerra pida que se le respeten ciertos derechos humanos. Es como si los americanos le dijeran a los españoles: hazme feliz o te dejo. Los americanos exigen a los españoles felicidad, como si los americanos no hubieran perdido la guerra. El que pierde no tiene ningún derecho, salvo el favor del vencedor. De ahí que la revolución no se justifica porque los españoles no tengan los mismos derechos que los americanos o porque no les hagan felices. La revolución se justifica simplemente porque no queda de otra salida cuando la existencia peligra.


TODOS LOS HOMBRES SON IGUALES

En varios trabajos presentados siempre he resaltado la idea de que el hombre se concibe como igual a todos los hombres cuando su concepción de ser humano tiene como esencia el ser alma (o razón).

El concepto de igualdad inmanente en la obra es un tanto extraño. El precursor de la independencia del Perú no ha hecho otra cosa que criticar la forma o modo en que los jefes españoles gobiernan y no el hecho mismo de ser gobernados. El hombre libre, igual a todo hombre, se reúne con otros hombres libres y deciden poner un gobernante que haga respetar sus derechos. Esto es cierto. Pero los americanos nunca pusieron como gobernante a un español. Y es raro porque es como si los americanos se creyesen ese cuento. Sin embargo, por otro lado, la idea del americano es alguien que se siente dependiente. Así, no piden que los extranjeros se vayan, sino que el gobernador extranjero sea un poco más bueno. Reclaman no el derrocamiento del poder español, sino más bien que los españoles no sean tan malos. ¿Entonces como así es que sintiéndose dependientes crean ser libres? De ahí lo extraño del concepto de libertad. No encontramos un espíritu verdaderamente libre a semejaza del espíritu griego que prefería morir antes que vivir como esclavo.

La libertad, la igualdad y la razón no son posibles si me concibo dependiente.

Riva Agüero no pide libertad en el sentido griego, pide más bien compasión para los americanos. Pide un poco más de consideración, pero ¿por qué? Porque somos iguales, dice. Es difícil entender esto que alguien que se concibe igual esté pidiendo igualdad. Porque la revolución americana, y esto entiéndase bien, no se da por un deseo de libertad genuino, se da, en cambio, porque no había otra salida al ver que los españoles no tienen compasión.


SE ACEPTA LA DOMINACIÓN ESPAÑOLA SIEMPRE Y CUANDO HAYA JUSTICIA

El Perú parece a una mujer que acepta estar con un hombre siempre y cuando este hombre le haga feliz. Pero lo que no entiende es que este hombre nunca le ha seducido, nunca le ha pedido nada: simplemente la violó. Al Perú lo violaron. La metáfora se puede llevar a más, pues después del ultraje piensa que le hicieron con amor; la apariencia del amor la hicieron los misioneros cristianos, pero esto no quita la crueldad con el cual se desquició a millones de habitantes. Lo peor de todo es que acepta tal ultraje y lo acepta con cariño siempre y cuando le hagan feliz. Aquí vemos como es de pasivo el Perú. Como se parece tanto a una mujer que persigue enamorada a quien la desvirgó.

Riva Agüero culpa al mismo gobierno (al virrey y sus visires) de ser causantes de la revolución. El virrey no supo ganarse el respeto de la población y por eso tiene como merecido el levantamiento: la separación absoluta.


En uno de los párrafos Riva Agüero habla de un oficial español llamado Calleja que resume todo lo que tiene el español en sus intereses:

“No tengo otro consuelo que dentro de un año toda la América ha de ser nuestra, y las posesiones se han de quitar a los americanos y se repartirán entre nosotros. Entonces los picaros americanos nos han de pedir la vida por misericordia y nos han de servir de rodillas”.

Esta forma de hablar es aceptada por Abascal. La cuestión es bien clara, estos españoles no tenían en mente un cierto contrato para vivir felices con los americanos de igual a igual. Lo único que querían es exprimir América de todos sus objetos valiosos e irse. El problema y el engañado es el espíritu religioso, cuántos sacerdotes fueron timados con el cuento de ir a América y hacer que los naturales viven en el reino de Dios con los occidentales, el interés religioso. De ahí que los peruanos se hayan sentido traicionados porque esa felicidad prometida por la religión solo eran cuentos, pues al conquistador no le interesaba otra cosa que talar y talar la selva virgen (así como violar) para después irse.

Aquí vemos dos clases de conquistador. El primer tipo sería como el bárbaro Atila, aquél que donde pisaba no crecía la hierba; este el conquistador que deja desierto cada pueblo y se va a seguir conquistando. El otro tipo sería el del conquistador que preserva su conquista; también se podría decir que el conquistador a la vez es conquistado. Lo preserva o bien por amor o bien por interés. El español siempre conservó su conquista por interés, al fin y al cabo su intención ha sido sacar provecho de todo cuanto podía en nuestro territorio y a la vez destruirlo. ¿Pero por qué no lo destruyó de una sola guerra? El problema está en que lo valioso en el Perú nunca dejó de acabarse.

En esta parte del mundo nunca se dio una conquista de enamorado como podría decirse. El enamorado conquista dejándose llevar por la bondad y la belleza de su presa, no lo destruye, sino que le hace florecer, le hace rendir los mejores frutos. Es evidente que esta no destrucción de la conquista es el origen del contrato moderno (Hobbes). La filosofía moderna no es otra cosa que el triunfo del cristianismo y de las masas, de la gran masa de vencidos (en todo sentido la mujer siempre pierde las guerras) y de pasivos que piden ser conquistados, pero no dañados. Que yo sepa la conquista, en sentido radical, es la destrucción del otro y la preservación del yo. Conquista es una palabra que se da en el plano del cuerpo, nuestra animalidad es la que guía. ¿Acaso no sería lo mismo decir, al mismo estilo callejero: mojas y te vas?


(2007)