A vosotros no les aconsejo el trabajo sino la lucha.
A vosotros no les aconsejo la paz, sino la victoria. ¡Vuestro trabajo debe ser
lucha y vuestra paz, victoria! Solamente armado con arco y flecha es como puede
callar y estar quieto; de lo contrario se parlotea y se protesta. ¡Vuestra paz
debe ser victoria! ¿Qué la buena causa santifica hasta la guerra? Yo les digo
que la guerra santifica todas las causas. La guerra y la valentía han hecho
cosas más grandes que el amor al prójimo. No vuestra compasión, sino vuestra
valentía han salvado ahora hasta ahora los accidentados. Preguntáis “¿Qué es
bueno?”. Ser valientes es ser buenos. Dejad que las niñas digan: “Es bueno lo
que es bonito y enternece”. (NIETZSCHE)

miércoles, 9 de febrero de 2011

Critica al espíritu moderno en Weininger y Wittgenstein




El tema de ahora es muy interesante, porque se refiere a cuestiones que tienen mucho que ver con la vida liberal y moderna que nos ha tocado vivir y su relación con la mujer y la religión, nada más controversial y a la vez provocador.


Un verdadero pensador no querrá solamente resumir las ideas de Weininger y de Wittgenstein sobre misoginia y antisemitismo, sino que irá más allá de ello y se colocará como interlocutor de sus propias ideas. Weininger y Wittgenstein serán sus consejeros, incentivarán su espíritu, aflorarán su imaginación, serán sus medios. Solo así se puede pensar.


Me interesa Weininger porque se opone a lo femenino y a lo judío. Ambos pensadores vieneses priorizan la vida del ser humano como individuo frente a lo demás, como cuando Wittgenstein decía que no podrá ser un lógico si antes no se comportaba como hombre, como un verdadero hombre. Hay una especie de conocimiento de lo que es un verdadero hombre en ellos, de lo que sería su esencia. Weininger al describir al genio (al hombre en sentido pleno) menciona que éste debe reconocer su Yo, debe conocerse así mismo internamente y sentir lo absoluto, decir este soy yo y este lo absoluto. Señala que la mujer y el judío no tienen yo, viven vulgarmente porque no tienen vida interna, no reconocen su esencia. Y lo más importante de todo ello está en hay en ambos un afán por decir la verdad.


La vida moderna se acomoda a un modo que favorece y prioriza la vida de las mujeres y de lo femenino (entre ellos las diversas especies de homosexualidad que existen). No hace falta más que ver la televisión y encontraremos mujeres y homosexuales dominando el mundo a su antojo, promoviendo valores liberales. La vida moderna al encajarse tan bien a la vida de la mujer debe tener entonces criterios feministas que sostienen su cosmovisión, por ejemplo la idea de que no hay algo así como la esencia del hombre o el fundamento del mundo. En otras palabras, que no tenemos un Yo, el yo se balancea y se disgrega en el tiempo, no hay nada estático y esencial que nos permita reconocernos como tal y nos guíe en nuestra conducta. Actuar bien y decir la verdad. Como lo querían Wittgenstein y Weininger, era vivir en correspondencia a una verdad, respecto a un Yo, a una esencia del hombre. La mentira es inmoral y se hace amoral cuando las acciones y palabras de los hombres modernos se desligan de su esencia. Si vivo de una manera y otro día de otra, no importa, no cometo ningún pecado porque no hay un patrón eterno de cómo debe vivirse. En el mundo de ahora se está dejando la costumbre de garantizar algo con la palabra de honor. A una mujer no se le puede pedir que tenga palabra.


Reconocer nuestro Yo también quiere decir ponerse en contacto con nuestro pasado, el pasado nos dirá la verdad, por ello no es moral cambiar el pasado. Dependemos del pasado para enfrentarnos con la realidad, el pasado debe ser respetado. En nuestros tiempos, las voces del pasado, los ancianos, son casi tratados como animalitos inconscientes. El pasado no importa para ellos, el pasado les ofrece cosas confusas, inextricables, que su censura no quiere resolver. Freud, otro antimoderno, piensa que llegando a conocer nuestro inconsciente, entiéndase como nuestro pasado, podemos conocernos mejor. Al hombre de ahora no le interesa conocerse, no le interesa hacer una introspección. A aquellas mujeres que salen en la televisión y que son prototipos de mujer para las demás féminas y féminos no les interesa cultivar su Yo, en cambio pagan lo que sea por perfeccionar su apariencia, porque en este mundo de hoy la apariencia es lo que importa. Ser o aparecer, lo que se quieres es la unión armónica de ambos, que el ser cumpla su labor y el aparecer también.


¿Cómo es que a esta crítica a la superficialidad de lo femenino se le inserta el espíritu judío? Se nos dice que el espíritu judío tiene las mismas características de lo femenino, el vacío interior, la debilidad, etc. Sabemos que los judíos resaltan como grandes comerciantes, son importantes para la época porque son los que manejan el dinero. Para vivir en este mundo hay que tener ambición por el dinero, que este se convierta en un fin, la tendencia a la acumulación. Para lograr ese objetivo, para que uno sea un empresario hay que olvidarse de las formas, si se trata de vender algo no importa si ese objeto vale, la cuestión es hacer creer que vale. En ese aspecto la industria ha tenido su evolución a medida que el comercio ha ido creciendo, de priorizar la calidad pasó a priorizar la cantidad, con apariencia de calidad. En la educación de ahora, en los colegios privados manejados por empresarios se da esta tendencia de no prestar atención al hecho mismo de la educación, sino a construir una apariencia de que se está educando, lo que interesa es que el colegio se llene de alumnos el ejecutar una educación verdadera. La idea de venta, el trabajo del empresario, está muy relacionado con el hecho de ofrecer apariencias, ilusiones, hacer creer algo que no es. Ese trabajo que nada en la apariencia es el que domina el espíritu judío. Es el que domina la mujer, el homosexual. Aquello critica Weininger y Wittgenstein en sus obras y en sus vidas. Es una crítica a la época, al dominio que está ejerciendo lo femenino sobre lo masculino, la apariencia sobre la esencia, todo lo pasado, lo viril, lo honorable, lo moral se está feminizando. Al parecer vivimos una época estupenda, al parecer, digo.


Jaime Pereyra


8 comentarios:

Anónimo dijo...

Apreciado, señor Pereyra, me parece que usted generaliza de una manera, digamos, peligrosa. En efecto, ¿por qué sostiene que a una mujer (entiendo que se refiere a cualquier mujer, o sea a todas) no se le puede pedir que tenga palabra?

Por otra parte, no creo que Wittgenstein estuviera interesado en buscar un patrón universal que normara nuestras acciones morales (y sospecho que usted apunta a sostener esto, al traer a colación lo que, según usted, pensaba Wittgesntein). La recompensa de la acción, según lo deja establecido en una línea del Tractatus, es la acción misma. Asimismo, en la Conferencia sobre ética, descree de la posibilidad de llegar a establecer en términos conceptuales, teóricos, qué sea lo bueno. Como usted debe de saber de sobra, la idea que Wittgenstein tiene acerca de esto es que es imposible fundar doctrinas éticas: justamente, algo que se tendría que hacer para establecer, como usted creo que pretende, una normativa moral universal (o, como dice usted, "un patrón eterno de cómo debe vivirse").

Por otra parte, me llama jocosamente la atención su actitud homofóbica y misógina. Bueno, con respecto a lo primero, recuerde que tanto Wittgenstein como Weininger no observaron conductas precisamente heterosexuales.

Le dejo un cordial saludo.

José Antonio

Jaime Pereyra dijo...

Le agradezco por la deferencia de su trato, veo que usted también se da cuenta que la oposición de ideas entre dos personas no tiene por qué sembrar enemistades, porque lo bueno de este oficio del pensar es que tiene resultados neutros en la vida práctica, salvo que lo diga un político. Por ello que lo que digo no es peligroso, estimado José Antonio.

También quiero decirle que siempre hay excepciones, si uno se fijara en las excepciones no podría hablar fluídamente porque tendría que estar introduciendo conjunciones concesivas por doquier. Además gusto mucho de hablar así, sé que hay casos que salen de la definición, pero por dar un estilo radical y tajante, tipo sentencia, es que utilizo ese tono. La generalización es distintivo de la filosofía, algo que la ciencia no ve con buenos ojos.
Respecto a Wittgenstein, más me interesó en este escrito su aspecto biográfico, sé lo que dice Wittgenstein respecto a la ética,pero eso no varía la fuerza de mi aseveración cuando digo "Hay una especie de conocimiento de lo que es un verdadero hombre en ellos, de lo que sería su esencia" (para nada mencioné, mi estimado, "un patrón eterno de cómo debe vivirse", no hablaría nunca de éticas universales) sustentado por lo siguiente: “Cómo puedo ser un lógico sin ser antes un hombre. Antes que cualquier otra cosa, debo aclararme conmigo mismo”. Con esto quiero decir que en él hay una especie de intuición de lo que debe hacer un hombre que guía su acción, ¿quién le dice a Wittgenstein que mentir es malo? Simplemente esa intuición de lo que es el hombre y de su forma correcta de vivir. No se está diciendo que todos crean en ese patrón, que así se debe vivir, sino que en Wittgenstein y Weininger hay un fondo, hay una preconcepción de sí mismo, a lo que yo llamo una intuición de su esencia.
Una normativa moral universal es una posición moderna en base a la igualdad de los hombres. No he dicho eso, incluso estoy en contra.
Respecto a lo último quisiera decir que no se critica al individuo, como lo hace Nietzsche, sino al espíritu femenino y superficial que domina nuestra época. No soy homofóbico ni mucho menos misógino.
Wittgenstein y Weiniger me recuerdan a Aquiles o a Alejandro, estos eran guerreros, hombres de honor, lo que importa en ellos es su comportamiento frente a los demas, ellos no propulsan valores femeninos.

Le devuelvo el saludo con la misma efusión.

Jaime Pereyra

Anónimo dijo...

Estimado Jaime (creo que será mejor tutearnos), comienzo llamando tu atención sobre una cuestión que me ha parecido sorprendente: niegas haber dicho algo que se encuentra textualmente presente en su post. En efecto, en las líneas finales del cuarto párrafo de tu texto echas en falta, con un tono de evidente nostalgia, la ausencia en estos tiempos de “un patrón eterno de cómo debe vivirse”. Se trata, según creo, de un vitando desliz que, en lo sucesivo, sería bueno que trates de evitar. Y a propósito de aquella idea, si ésta no implica aspirar al establecimiento de una ética universal, ¿entonces a qué se refiere con aquello de “un patrón eterno de cómo debe vivirse”? Sospecho que te estás desdiciendo.

Con respecto a aquel pasaje que mencionas, y que pertenece a una carta que a Russell enviara Wittgenstein, creo que debes considerar detenidamente que el autor del Tractatus no menciona la palabra «hombre», sino «ser humano»; el texto dice: “(…) no puedo ser un lógico antes que un ser humano! Con mucho, lo más importante es ajustar cuentas conmigo mismo” (no cito la fuente; tú la debes de conocer muy bien). Y digo esto porque lo que está puesto de relieve en tu post es la noción de hombre en el sentido de manifestación de rotunda virilidad, y, por tanto, como noción opuesta a la supuestamente proverbial y característica debilidad femenina. Wittgenstein en aquel pasaje alude, según mi corta comprensión, al hecho de que para él es mucho más importante el esclarecimiento existencial, personal, vital, que aquel otro referido a cuestiones relativas a la lógica. Y creo que esto es meridianamente comprensible para todo aquel que se ha aproximado a la obra (que no es otra cosa que expresión de sus tormentos vitales) de Wittgenstein. La lógica, el análisis del lenguaje, el problema de la representación del mundo a través del lenguaje, son sin duda temas importantes en el marco de su reflexión, pero pareja importancia (o incluso mayor, si nos atenemos a pasajes como el que estoy glosando) posee aquello que bien podría ser catalogado como el cúmulo de obsesiones de cariz metafísico, vinculadas sobre a todo al sentido de la vida, que siempre lo acompañaron. En síntesis: no es lo mismo, me parece hablar, refiriéndose a este pasaje, de «hombre» (tal como empleas el término en el contexto de tu post) y «ser humano».

Anónimo dijo...

Con respecto a aquello que sostienes al inicio de tus acotaciones a mi modesto comentario, no estoy muy seguro de que el oficio del pensar no tenga repercusiones en el terreno práctico. Estoy persuadido, sí, de que el trabajo teórico, reflexivo, del tipo que se desenvuelve en el terreno (árido, una veces; otras, desconcertantemente feraz en términos creativos) de la filosofía no supone implicancias prácticas directas y eficaces (teniendo en cuenta la búsqueda, por ejemplo, de principios, fundamentos, normas universales, en suma, teniendo en cuenta la búsqueda de la Verdad, así, con mayúsculas) a gran escala (de alguna manera coincido con Hegel cuando dice que la filosofía hace su grandiosa aparición cuando la realidad pinta ya gris sobre gris). Pero, como te digo, no estoy seguro de que su influencia en el terreno práctico sea nula. De hecho, una biografía como la Wittgenstein, precisamente, es un rotundo desmentido a aquella aseveración tuya. Y no sólo la de él: pensemos en filósofos tan alejados de nosotros como Diógenes de Sínope, en espíritus atormentados como Kierkegaard, y, más cerca de nosotros en autores como Cioran y Foucault.

Finalmente, dices que Aquiles y Alejandro no promovían valores femeninos; y lo dices, claro, en directa alusión a sus preferencias sexuales: ellos eran homosexuales, pero no eran débiles, delicados, temerosos, sino decididos, audaces, firmes, etc. Es decir, lo femenino está representado por todo aquello que se opone a lo viril tomado como expresión de lo tenazmente afirmativo, de lo vigoroso. ¿Pero, justamente, ésta no es una visión engendrada en los rediles de la más abierta misoginia, actitud en virtud de la cual se construye un estereotipo de la feminidad atribuyéndole a esta condición rasgos que en definitiva pueden ser encontrados también en muchos hombres?

Espero que sepas disculpar la extensión de este comentario. Mis más cordiales saludos: no se trata de “efusión, sino que, sencillamente, pretendo ser amable.

José Antonio

Jaime Pereyra dijo...

Muy Bien, estimado José, creo que me estás malinterpretando en dos aspectos: yo no pienso que sea viable algo así como una ética universal, si te das cuenta esto es parte de una aspiración globalizada que intenta extinguir toda cultura que no sea moderna, y este escrito va en contra de la cosmovisión moderna. Y lo peor de todo es que no soy tan ingenuo para confundir "varón" con "hombre", en el ejemplo que pongo sobre Wittgenstein entiendo que se trata de "ser humano".
¿Qué quise decir con “un patrón eterno de cómo debe vivirse”?, evidentemente no es a postular una etica universal, por eso rechacé apresuradamente esa conclusión. Lo eterno es la idea, ¿quién le dice a Wittgenstein que el hombre correcto no debe mentir o que no podrá ser lógico si antes no era un hombre "correcto"? Son ideas de lo que es un hombre, un patrón ideal, eterno, que le guía en sus acciones. Yo colocaba este ejemplo para contrarrestar al individuo moderno con espíritu femenino, que por el contrario no tiene un patrón de vida, hay un vacío espiritual, que le empuja a mutarse según el medio, se adecúa, un día puede ser alguien y otro día otro, lo mismo con su palabra o su promesa que puede variar a conveniencia.
Digo que toda idea es peligrosa dependiendo de quién lo dice, en mi caso te decía que no hay peligro porque no soy un político, no soy un personaje conocido como para que esta idea pueda "pegar".

Un gusto responderte, mi estimado.

Anónimo dijo...

Bueno, apreciado Jaime, me parece que no eres tan contundente cuando contraargumentas como cuando formulas tus puntos de vista: lo que te "apresuraste" a rechazar no fue esa idea, sino el hecho de que la hayas sostenido; y te mostré. muy cordialmente, que sí la habías planteado.

Y, por favor, tú sí estás empleando el término hombre como sinónimo de varón en el cerril sentido en que lo usa quien opone irreductiblemente la dicotomía hombre-mujer. Eso está clarísimo en tu post.

Y, bueno, no sé a ciencia cierta "quién " le dice a Wittgenstein que no debe mentir. Y, honestamente, te diré que ése no me parece el punto central. Mentir o no mentir, y su respectiva justificación moral, sólo adquieren sentido en el marco mayor de una concepción ética global. La de Wittgenstein era una concepción de tal naturaleza que no hacía falta, creo, que "alguien" o "algo" le "dijera" que lo que hacía estaba bien o mal. El criterio moral, en su caso (y esto es algo que puede verse en sus diarios y en la Conferencia sobre ética, y aun en algunas líneas del Tractatus), reside en sí mismo; y vaya que determinar qué está bien o está mal tomando en cuenta este patrón es una tarea de titanes. De ahí, justamente, que le dijera a Russell que lo más importante era ajustar cuentas consigo mismo.

Advierto una cierta fatiga argumentativa (y perdóname por decirlo, así, digamos, a boca de jarro) en esta tu última respuesta, pero es lo que percibo. Por mí, que el debate quede clausurado en este punto. Pero creo que es imperativo ser honesto (y permíteme ser reiterativo): considero que tu argumentación no ha sido precisamente efectiva. En todo caso, los usuarios de la red que se acerquen por aquí ya juzgarán (de eso se trata, ¿no?; de construir una red de intercambio de ideas en que prime la horizontalidad). Con todo, si deseas prolongar este debate, estoy dispuesto de buen grado a seguir conversando.

Saludos.

José Antonio

Jaime Pereyra dijo...

No tengo problema en proseguir la conversación, lo que pasa es que me parece que me estás leyendo con una máscara, en la última respuesta que te di me da la impresión que hablas de otros temas que no he pensado para nada, cuando lo que quiero decir está claro, lo único que faltaba aclarar era cómo entendía lo femenino como espíritu. Lo que me has preguntado son accesorios o cosas que crees que pienso cuando no es así, lo importante está en resover problemas, en filosofar lo relevante, lo que nos perturba como hombres, mejor dicho para no confundirte, como "seres humanos". Ese es mi problema, lo que perturba es esta forma de vida contemporánea, nihilista, y lo que hice era describir uno de sus razgos, los razgos femeninos que se están sobreponiendo sobre todo razgo masculino y en eso veo el problema.

Anónimo dijo...

Muy bien, está clarísimo: el que perdió el paso en este debate soy yo. Es claro que lo relevante es lo que tú planteas y cómo lo planteas. Muy bien, sigue adelante con tu búsqueda, y "filosofa lo relevante" como dices. Si crees que lo importante es resolver problemas, pues, muy bien, adelante. Suerte con eso. Está clarísimo que tenemos ideas diametralmente opuestas de lo que es (o pretende ser) la filosofía.

Saludos.

José Antonio