A vosotros no les aconsejo el trabajo sino la lucha.
A vosotros no les aconsejo la paz, sino la victoria. ¡Vuestro trabajo debe ser
lucha y vuestra paz, victoria! Solamente armado con arco y flecha es como puede
callar y estar quieto; de lo contrario se parlotea y se protesta. ¡Vuestra paz
debe ser victoria! ¿Qué la buena causa santifica hasta la guerra? Yo les digo
que la guerra santifica todas las causas. La guerra y la valentía han hecho
cosas más grandes que el amor al prójimo. No vuestra compasión, sino vuestra
valentía han salvado ahora hasta ahora los accidentados. Preguntáis “¿Qué es
bueno?”. Ser valientes es ser buenos. Dejad que las niñas digan: “Es bueno lo
que es bonito y enternece”. (NIETZSCHE)

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viernes, 23 de diciembre de 2011

La deshumanización del arte como hipermodernidad


Crítica al libro "Deshumanización del arte" de José Ortega y Gasset

Lo que yo creo es que Ortega y Gasset está haciendo una mala interpretación del arte nuevo, considerando que es una manifestación antimoderna, opuesta a toda la tradición anterior, y por lo tanto un arte viril y propio de una posmodernidad.
Lo que ponemos a discusión es lo siguiente: el arte nuevo es producto del desarrollo hipermoderno. Que pone en juego las posibilidades últimas y esenciales de toda la cultura anterior, y es el último bastión de la sensibilidad femenina y arcaica.
Lo que vislumbramos en el libro “La Deshumanización del Arte” es un intento por hacer del tema estético lo mismo que se hizo con la filosofía. Las nuevas posturas filosóficas que aparecieron en el siglo XX fueron interpretadas como oposiciones a la modernidad. O en esencia, al platonismo. Esto es plausible porque idealmente puedes considerar un modo distinto de pensar, pero en el plano sensible, de la praxis, de la voluntad no puedes ser antimoderno en tanto no ejecutes en todas sus líneas un modo de vida verdaderamente distinto de la modernidad. Por el hecho que en el siglo XX apareció nuevos aparatos de la tecnología, más sofisticados, que modelan la vida de una manera más “intelectual” no quiere decir que este nuevo modo de hacer tecnología sea opuesta a los presupuestos de la ontología moderna y de la metafísica platónica. Es más, la tecnología de ahora, es el ultra producto de la tecnología ideada en el siglo XVI. Lo mismo pienso del arte nuevo, es el ultra producto de la sensibilidad estética del siglo XVI. Esta sensibilidad tiende a deshumanizar el arte, porque precisamente forma parte de la metafísica moderna que tiene como supuesto que la esencia del hombre es el alma, de ahí que todo lo intelectual sea visto con buenos ojos, olvidándose del cuerpo. Lo que intenta hacer Ortega es algo contraproducente, pues con su análisis demuestra más bien lo cercano que está la sensibilidad del arte nuevo con los presupuestos de la modernidad.
La esencia de la metafísica moderna es deshumanizar al hombre. Hablando el lenguaje de Marx, “enajenar al hombre”. Por ello decimos que lo que intentó Ortega y Gasset es contraproducente porque gracias a su libro podemos ver claramente qué tan moderno es el arte antimoderno.
Esto lo vemos por el hecho de que este arte es “intelectual”. Lo intelectual, por más que lo ocultemos, son remembranzas de un modo de pensar caduco. La idea de que el intelecto es la solución a nuestra manera de vivir, por ello hay que desarrollar esa facultad olvidándonos de la parte corporal, hay que ser calculadores, matemáticos, tecnológicos, alejados de todo manifestación instintiva. Esta idea es moderna.
La idea de salirnos de la realidad, escapar de ella. En esto nos puede ayudar Freud, cuando dice que este salirse del mundo muestra la sublimación de los instintos reprimidos. El no poder hacer, lleva definitivamente a la represión, y esta nos conduce a darle la espalda a la realidad, escapar de ella. Pero, bueno, esto solo es una argucia mía por desacreditar de un modo el arte nuevo, pero no quiere decir que sea incierto. Más bien, supongamos, que el salir del mundo no sea por escapar de mi malestar represivo, sino por otros motivos, tal vez loables. En este sentido, diríamos que el mundo ya nos aburrió, que ya se ha hecho de todo y probado de todo, este sentirse hastiado, es una característica del sentir del hombre moderno, y el arte tendría que venir aquí a funcionar como un sistema de anulación del aburrimiento. Si es así, el juego como lo quiere Ortega del arte sería el mismo juego o proliferación de juegos de mesa o videojuegos que se han creado en estos tiempos como mecanismos de abolición del aburrimiento. Según ello, este arte no se comportaría de otro modo que como un videojuego infantil en que lo que importa no es alegrarte o hacerte reír, sino sacarte del mundo aburrido del mundo moderno. El video juego no es más que el producto ultramoderno, así también el arte nuevo.Si esto es así, no sería el sentir verdaderamente viril el que se pone en juego en estos nuevos juegos artísticos, sino un sentir refinadamente femenino, ya casi asexual, sin cuerpo, que nos empuja a escapar de la guerra antes que enfrentarla. El hombre desea la guerra, la acción, el enfrentarse a la vida, a los problemas, un Agamenón, un Pachacutec, no un Debussy o Pirandello escondido en su mundo.

martes, 15 de febrero de 2011

ENRIQUE DUSSEL

Una exposición muy clara y atrevida de la filosofía.

viernes, 11 de junio de 2010

LA FALTA DE COMPETENCIA




La filosofía es para los ancianos, digo esto porque la mente necesita desligarse de las sensaciones y de los instintos para pensar con pureza. Al joven por uno y otro lado le acecha los placeres carnales, su mente anda entre la carne y el espíritu. Sin embargo, en estos últimos siglos hemos vivido a la champa, el débil vive como fuerte, los esclavos mandan, la mujer quiere ser hombre, etc., esta queja es la misma que lanza Guamán Poma en su carta al Rey, que el mundo está al revés. El mundo de las ideas, lo ideal, no se cumple en la realidad, hoy la frase “¡qué importa!” pulula hasta en los más idealistas, qué se va a hacer, así es la vida.


Un joven filósofo es una contradicción, pero se da. Es un hecho que jóvenes estudien filosofía en la Universidad.


Ante ese factum hay que tomar decisiones. Por ello la pedagogía de los profesores de la escuela de filosofía debería adecuarse ante esa situación. Pero no es así. El objeto es un ser humano que está ardiendo de pasiones, ese es el obstáculo para los profesores de filosofía, porque ante una cita con una chica bonita o estudiar para un examen de Platón, es más seguro que vayan a lo primero, y es lo más normal.***


La mayoría de profesores piensan que los estudiantes de filosofía son unos ancianos (más allá del hecho de que la filosofía sea para los ancianos, y para los jóvenes la guerra). Si mañana hay un examen de Tomás de Aquino, por ejemplo, y justo hoy tengo una fiesta en donde voy estar con una chica que me gusta, yo como joven estudiante de la UNMSM voy a la fiesta, porque sé que ese profesor siempre aprueba. Con ello me perdí al no leer un gran texto de Tomás. Pero si yo sé que ese profesor es drástico y obliga a que estudiemos porque si no nos jala, entonces dejo toda fiesta y me pongo a estudiar. Si, por otro lado, soy aplicado y me olvido de la fiesta, aun sabiendo que ese curso se aprueba a priori, llegado el final del curso todos tienen casi la misma nota, digamos todos tienen 16. Siento entonces una total desazón.


En aquellos dos ejemplos se manifiesta un rasgo importante de un estudiante joven: la voluntad. Lo que deberían hacer los profesores no es hacerse los ciegos ante la existencia de los instintos en el joven, sino aprovecharlos para el provecho de la escuela misma. El deseo sexual primó ante el amor a la sabiduría, en el primer caso; en el segundo, el deseo de ganar la competencia, o sea ser el mejor en el salón, se reprimió. Los dos resultados fueron en detrimento de la Escuela. El primero se vuelve un estudiante mediocre, el segundo un estudiante desencantado de lo que hace.


El problema está en que en la Escuela, la mayoría de profesores, no ponen presión, y creen que somos unos ancianos que no tenemos cuerpo y que por nuestra propia cuenta vamos a estudiar, como sí lo haría un anciano. Al joven le interesa la competencia, si se quiere unos filósofos viriles, ganadores, competidores que no le tienen miedo a nadie, se debe incentivar a la competencia.La competencia es propiedad de la juventud, el goce que causa un triunfo arrastra a uno a realizar cosas inverosímiles. Si yo sé que si me saco la mayor nota voy a ser premiado con algo, al menos con la mención del profesor, entonces en una noche me puedo leer 400 páginas. Pero si sé que no tendré ningún goce, no llego ni a las 10 páginas.


En la Escuela de Filosofía falta incentivar a la competencia. Falta manipular la voluntad del estudiante para desarrollar su mente. Ante ello, por qué no mencionar a Fernando Muñoz, Dante Dávila, Ana María Gispert Sauch, JaimeVillanueva, David Villena, ellos obligan, ponen presión, dan miedo, así aprende un joven; un anciano no necesita ser presionado para estudiar. No hay concursos, publicaciones, premios, nada que incentive la competencia.

Jaime Pereyra (2008)


3 comentarios:

Francisco Ramos dijo...
Compañero Pereyra:Es problemático lo que plantea. Disculpe que me centre en la parte final de su texto, pero estoy a punto de realizar un dictado para unos jóvenes preuniversitarios: ¿dice que se aprende mejor por el miedo y la presión? ¿Por un mejor sentido e incentivación de la competencia?Es difícil aceptar ello, compañero. Le planteo lo siguiente. Cabría averiguar en qué medida el temor y el miedo son pulsiones tan o más invasivas que la búsqueda del placer o el amor. El miedo no disciplina. El miedo degrada.Por otro lado: la competencia, ¿no se deriva del hecho de temer ser excluído de un grupo selecto de "héroes" que han cumplido con el objetivo de agradar al profesor, ciñéndose a su punto de vista (muy) subjetivo sobre la realidad y problemas que integran la realidad?Evalúe eso, joven Pereyra. Yo también soy joven como Ud. No etiquete a los individuos por cuestiones generacionales.
31 de enero de 2009 16:00

Francisco Ramos dijo...
Retomo el comentario anterior, añadiendo un punto más. Reconozco que señala un problema real: la mediocridad de la enseñanza de la filosofía en San Marcos. Eso es correcto. Nadie puede negar eso. Lo dificultoso es el análisis que hace de la situación.Habría que tratar de vincular dicha mediocridad a hechos concretos por los que ha pasado nuestra universidad. Por ejemplo, la intervención militar del Estado durante la época fujimorista, del cual quedan muchísimos rezagos. Si se da cuenta, el discurso meritocrático (que plantea la importancia de que sólo "los mejores" integren la Universidad) proviene de aquellas épocas. El pretexto era ordenar San Marcos, pero ¿a qué costo?Por eso, compañero, habría que analizar el transfondo de corrupción bajo el que se desarrolló el proceso de intervención. Evaluar las conexiones del discurso meritocrático con los objetivos estratégicos del fascismo en la Universidad y demás instituciones de "educación superior", que apuntaban a hacer una "limpieza" de los elementos más conscientes del estudiantado. Verá que el único objetivo no era aminorar la "carga hormonal" de los jóvenes, sino también su espíritu de lucha y su capacidad de organización autónoma.Un joven no va a la Universidad sólo para llenarse de conocimientos prefabricados, sino para producir conocimiento, y hacer que éste sea aplicable. Obviamente, dotar de aplicabilidad a la investigación requiere no desconectarse de la realidad, no encerrarse en la lectura de libros nomás, sino también enraizar los estudios en las actividades productivas y organizativas de nuestro entorno social.Como verá, los estudios de filosofía en San Marcos no ofrecen eso (y esto sucede incluso en las clases de los profesores que menciona, tal vez con mayor "radicalidad"). ¿No cree que esa es, por lo menos, una de las fuentes principales de la desidia estudiantil, más allá de las pulsiones genitales?
1 de febrero de 2009 06:19

César Gómez dijo...
Antonio, no estoy de acuerdo con esa búsqueda del temor para el cumplimiento de los deberes de los estudiantes. Mi desacuerdo se origina en que el cumplimiento de la responsabilidad que uno asume al ingresar a la universidad no debe ser motivo de pánico. Algunos profesores se complacen en mostrar los estrictos que son y se regodean comentando el temor que producen entre los estudiantes. Esta actitud, en mi opinión, es mediocre. Estoy de acuerdo en que los horarios se deben cumplir, concuerdo contigo en que las notas deben ser asignadas con justicia (y con base vigesimal, porque hay mucho profesor que afirma que su tope es el 15 y que por eso es mejor profesor) y no puedo más que asentir ante tu preocupación ante la virtual inexistencia de concursos o incentivos. Pero mi crítica apunta a otro aspecto que considero más importante, estimado Antonio, y tiene que ver con el ejemplo de los docentes.Tenemos una abrumadora mayoría de profesores que asisten a clase, pero no escriben, que toman exámenes profundos, pero no participan como intelectuales en el mundo fuera de los muros del salón. Yo entré a estudiar Filosofía y no Historia de la Filosofía, que siendo una disciplina indispensable para la primera no es su fin. Qué grata sorpresa fue encontrar el blog de Gonzalo Gamio que activamente participa de la polémica sobre asuntos de interes general desde el punto de vista de un filósofo ¿te imaginas a alguno de los profesores que enseñan en San Marcos haciendolo? ellos prefieren desvelar a los alumnos con el temor al examen o decir frases rotundas para que su corro los celebre. Yo estudie 5 años en san marcos y nunca vi un debate entre profesores , pero un verdadero debate no una danza de palmaditas en la espalda.Si nunca he visto a un filósofo de verdad en la práctica, desenvolviendose entre las contradicciones de un intelectual en el Perú ¿como me voy a interesar genuinamente en la filosofía? ¿a punto de fotocopias? ta dificil estimado antonio

martes, 11 de diciembre de 2007

Psicoanálisis y Filosofía (ensayo)


La historia del conocimiento humano nos ha podido evidenciar que el descubrimiento de la verdad es un proceso evolutivo y no algo determinado. La Verdad ha sido siempre un ideal de todos los seres humano que se nos presenta siempre como inconquistable, habiendo pasado millones de años desde que los primeros organismos sintieron el calor hasta la observación de otros sistemas planetarios, pues aún no estamos satisfechos.
El pensamiento se ha valido de diversos métodos como la magia, el mito, la filosofía, la ciencia para poder satisfacer la necesidad de sabiduría que nos permite vivir bien, y por supuesto se han dado mucho errores como también grandes aciertos.

En nuestra época el conocimiento que se ha colocado como el más apto para representar la realidad ha sido el científico. Pero este saber científico en tanto riguroso se fue convirtiendo en estos últimos años en algo radical tanto que menosprecia otras posibilidades de conocimiento. Así se fueron extinguiendo poco a poco religiones, filosofías, mitos que tenían un sustento idealista, y como el poder racional del idealista-metafísico-platónico se había desarrollado tan rápidamente, pues la verdad se nos presentaba del mismo modo en que lo pensábamos, pero eso sí, muchas veces falseada. Por eso las personas embutidas de ciencia prefirieron un andar lento pero seguro, antes que de prisa y errónea. De ese modo muchos cayeron en el error (parte de la moda de inicios del siglo veinte en que el platonismo cayó en ridículo, pues era e creador de la metafísica) al exagerar su rechazo a todo aquello que no sea ciencia, como podemos darnos cuenta ante el apogeo del positivismo y de la desenfrenada conquista tecnológica.
En esa época apareció el psicoanálisis con fuerza, dada la presentación de la monumental obra de Freud La interpretación de los sueños (1900). Se diría que fue una revolución del pensamiento humano ya que con este sistema se nos abrió un nuevo camino en pos de la sabiduría: el conocimiento de la mente. Hasta ese momento nadie se imaginaba de la existencia de impulsos inconscientes, del deseo como fuerza vital, ni de todo aquello que provenía de nosotros mismos, al menos no sabíamos explicárnoslos. Freud adjudicó su descubrimiento gracias al empleo de un “método científico”. Además de las divergencias que sufrió después por parte de los miembros de la sociedad psicoanalítica, de las críticas de otros pensadores encerrados todavía en el siglo pasado (sobre todo por sus postulados sobre la sexualidad que fueron llamados inmorales), se unieron las refutaciones de los epistemólogos que categorizaron su método como pseudociencia, situación que condenó al psicoanálisis a una simple ideología despectivamente llamada magia, nada más que eso.

Debemos creer que tal aversión contra el psicoanálisis se debe en parte al mismo desconocimiento de las personas que guiados por lo que dicen los demás se negaron por completo a verificar por ellos mismos si tal teoría era en verdad desatinada como dicen, en parte también por la moda que mencionamos anteriormente en que no se quiso saber nada de todo aquello que tenga rasgos platónicos como volitivos y antiempíricos. Pues el psicoanálisis había sido denominado por el filósofo Karl Popper como metafísica[1], de allí su relación tal vez con la filosofía como tal y su posterior desprestigio. O tal vez hubo una confusión entre la metafísica como búsqueda de lo absoluto y metafísica positivista como una herramienta más de conocimiento. Pero tanto Mario Bunge en su Investigación Científica como Popper lo que quisieron hacer es una demarcación entre lo que es ciencia y no ciencia, y no precisamente criticar a la teoría psicoanalítica. El criterio que dio Popper fue el de la falsabilidad, es decir que toda teoría científica debe ser refutable[2] , y simplemente encontró que el psicoanálisis era irrefutable, ya que para todos tenía explicación, al igual que la teoría marxista.

Nosotros no aceptamos el rango de pseudociencia que le ha sido designado al psicoanálisis, pues se diría que es una falsa ciencia. Primero empecemos preguntándonos cuál es su objeto de estudio, para verificar si acaso no pertenece a otra ciencia o si es verdaderamente autónoma. Como Sanz nos describe, el psicoanálisis “postula que la subconciencia conserva impulsos reprimidos por la conciencia y que pueden ser la causa de desordenes emocionales, en cuyo tratamiento se trata de reconstruir el pasado del paciente, sobre todo sobre sus experiencias infantiles y sueños[3]”, lo que no hace más que describir la conducta humana cuyo campo es el de la psicología. Sabemos que la psicología si toma en cuenta al psicoanálisis, aunque sólo toma algunos postulados como por ejemplo su explicación del desarrollo humano, pero otras no por falta de comprobación o de sentido, o por ser simple especulación. ¿Qué le queda al psicoanálisis en nuestra época? Preguntémonos si la psicología nos dice qué es el complejo, los deseos, los instintos, el objeto sexual, la libido, el superyó entre otras entidades mentales que son los fundamentos más cercanos a la explicación de manifestaciones aún ignoradas por la mayoría como el proceso de sueño, la conducta psíquica del amor, del odio, de las fobias, de nuestras actitudes más íntimas en sí. La ciencia psicológica es muy superficial, pues por eso el rechazo de muchos a una terapia como tal que no hace más que decirnos cómo se es y no por qué. Es cierto que los nuevos descubrimientos psicológicos-biológicos están acercándose cada vez más a un conocimiento mejor de la mente y el cerebro, en tanto pasan los años y los hombres siguen en la incertidumbre de no saber por qué se sufre o se ríe, o por qué de esta actitud ignorada o de mis depravaciones, como también del deseo de inmortalidad que luego se pasará a describir, sin saber que hace un siglo una mente genial como la de Freud se esforzaba por dar las respuestas, eso sí, con la ayuda de los descubrimientos hasta ese momento de la ciencia, y teniendo una especulación propia de un filósofo. Si queremos dar una denominación objetiva a tal teoría diremos pues que es una presciencia o ciencia en formación o al fin y al cabo filosofía, o si no queremos arriesgarnos, sencillamente ser sensatos y decir que “atendiéndonos a otras posiciones y a las características institucionales que hacen asemejar la práctica psicoanalítica a la ciencia, estimemos que en este caso lo más prudente es suspender el juicio temporalmente” [4] y no estar denigrando un posible conocimiento de nuestra mente que no es verdadero solo por su aún imposible contrastación, debido a la falta de instrumentos tecnológicos que nos permitan conocer el cerebro y sus complicadas manifestaciones.
No se trata, como creen muchos, de que el psicoanálisis sea pura especulación, o parcialmente tonta como las otras llamadas pseudociencias, el psicoanálisis es metafísica, si tomamos el mismo criterio de Popper, en tanto sea una metafísica ceñida a los descubrimientos últimos de las ciencias sociales o naturales y no puro racionamiento a manera de Descartes, si se trata de buscar la verdad en forma de, primero, anteceder a la ciencia y, segundo, de continuar a la ciencia. No es una metafísica platónica en que todo se hacía por analogías, sino tomando como base la ciencia y adelantársela lo más certeramente posible. Si bien, como dice, Heidegger, el final de la filosofía es el acabamiento de la metafísica, es decir cuando este pensar se convierte en ciencia[5]; cada tiempo tiene su metafísica y acaba con la certeza de la ciencia sobre aquello que se especuló en base científica. Si entendemos esto, comprendemos a Platón, a Aristóteles, a Nietzsche tanto como a Freud.

Esta previa aclaración sobre el psicoanálisis y su importancia lo hacemos debido a que lo expuesto en los siguientes capítulos puede ser fácilmente refutado por cualquier profano sólo por la simple mención de psicoanálisis, dirán pues “psicoanálisis” entonces “pseudociencia”, conclusión: no vale. Situación que debe evitarse no sin antes haberse analizado la teoría de la inmortalidad, que es nuestra reducción de una región de la naturaleza humana. Esperemos entonces que se haya puesto en claro la posición de la teoría de Freud en el contexto del pensamiento, y sigamos en nuestra tarea.
(2004)

[1] Karl Popper, Conieturas y refutaciones. Desarrollo del conocimiento científico. Barcelona. Piados. 1972 p. 513: “Creo, pues, que si una teoría no es científica, si es metafísica (como podríamos afirmar), esto no quiere decir, en modo alguno que carezca de sentido.”
[2] Ibid., pg. 64: “El criterio de refutabilidad es una solución de este problema de la demarcación, pues sostiene que, para ser colocados en el rango científicos, los enunciados o sistemas de enunciados deben ser susceptibles de entrar en conflicto con observaciones posibles o concebibles”.
[3] Julio Sanz Elguera, Introducción a la ciencia, Lima, Amaru Editores, 1987, pg. 46.
[4] Ibid. pg. 47.
[5] Martín Heidegger. El final de la filosofía y la tarea del pensar. En “tiempo y ser”, Tecnos, 1964, pg. 78: “El desarrollo de las ciencias y, al mismo tiempo, su emancipación de la filosofía forman parte del acabamiento de ésta”.

La lucha por la recuperación del cuerpo o el tránsito de la metafísica moderna a la posmoderna (texto filosófico)




La tesis de un distinguido filósofo y profesor sanmarquino dice que el “proyecto humanista” enarbolado por los pensadores ilustrados del siglo XVIII continuará y se volverá a exaltar en el siglo XIX bajo las conjeturas filosóficas de Augusto Comte Y Karl Marx bajo el nombre de ciencia positiva transformadora del mundo[1]. El problema radica en que el llamado “proyecto humanista” por el cual los filósofos situaron a la razón o capacidad racional del hombre en el más alto pináculo de las facultades humanas no tendrá mayor acogida después de Kant. Para ello se supone lo siguiente:

I. El llamado “proyecto humanista” es la potencialidad del pensamiento socrático hecho acto.
II. La crítica al pensamiento socrático se inicia con Hegel y culmina con Nietzsche.
III. Entre Hegel y Nietzsche media la negación de este afán racionalista en pensadores como Feuerbach y Marx.
IV. Marx cae en contradicción ante el problema de la industria, sin decir con ello que Marx enarbola la razón.

I

La filosofía griega se resume con una tendencia: hacer que los hombres se asemejen en lo posible a los dioses[2]. Con esta finalidad Aristóteles cierra su ética. El hombre será verdaderamente feliz solo cuando contemple las ideas. A partir de entonces se fue fundamentando una metafísica que daba todo el derecho del mundo al hombre para que se crea un ser que tiene por esencia su espíritu. Como la metafísica fundamenta una época[3], y esta fundamentación parte de la esencia del hombre, entonces se vio poco a poco con la necesidad de demostrar que la naturaleza no formaba parte de la esencia del hombre. La Naturaleza es materia. El hombre es espíritu. En todo caso, la materia, nuestro cuerpo, solo era una cárcel para nosotros; aquello era lo malo, lo que no debía influir en nuestras acciones. Fundamentar esto llevó muchos años, se conoce los esfuerzos del pensamiento cristiano especialmente en torno al problema del “logos encarnado”. El logos encarnado[4], no quiere decir otra cosa más que el intento de llevar a la carne las características del espíritu, hacerla eterna. La lucha por demostrar que nosotros éramos eternos llevó a tales exageraciones; pero estará presente siempre impávido nuestro organismo, nuestras bajas pasiones, siendo humillado, mofado vestido de ángel, ¿cómo hacer con el cuerpo?, se preguntaban los cristianos, éste no nos deja realizarnos, no nos deja ser divinos. El caso emblemático sobre esta incertidumbre de no saber qué hacer con nuestra materialidad es Orígenes que castrándose pensó vencer al odioso cuerpo.
Se dice que en el renacimiento el mundo perdió la oportunidad de salvarse. La duda seguía en la indecisión de optar nuevamente sobre la esencia del hombre. La materia, de tanto protestar, empezó por ser tomada en cuenta. El problema tomó la siguiente forma, no ya sobre cómo hacemos para desaparecer y comportarnos como ciegos ante nuestra naturaleza, sino en cómo hacemos para unir estas dos naturalezas diferentes que encontramos en el hombre, el cuerpo y el espíritu, ¿cómo se comunican estas sustancias? La imposibilidad de dar una respuesta ante esta interrogante llevó a que se tomara una decisión urgente sobre la esencia humana, cogito sum, soy pensamiento. La modernidad se inicia considerando al ser humano desligado de la naturaleza, de la res extensa. Solo entonces esta naturaleza se hace imagen y este espíritu que solo piensa se hace sujeto. Definitivamente se separan la sustancia espiritual y la sustancia material; es allí cuando el espíritu se hace modelador de la naturaleza imprimiéndole formas a su antojo.
Considerar a la naturaleza como aquello que no pertenece al hombre como esencia significa hacer de ella un objeto, algo que está puesto en frente de, un oponente con el cual hay que luchar, o muere ella o nosotros. La mejor de las armas que creerá el hombre será la ciencia moderna, una ciencia que tendrá fines prácticos y que nos dará más poder (Bacon).
Habíamos dicho que la metafísica fundamenta una época; por ello tener una decisión sobre la esencia del hombre, del mundo y de Dios bastaba para que emanase de ella deductivamente todas las manifestaciones culturales. Así tenemos que la educación proyectada bajo esta metafísica en que el hombre es un ser espiritual en esencia, es decir, racional, tendrá como finalidad formar seres humanos que vivan y desarrollen su razón aunándose al esfuerzo común de vencer a la naturaleza, guerra que por otro lado dará muchos beneficios. Lo que una vez fue amor a la guerra, será ahora un amor al dinero. Se introducirá en la cabeza de los hombres que el desarrollo del espíritu solo es posible teniendo a nuestra disposición mucho tiempo, tiempo que antes se dedicaba al trabajo personal para sobrevivir, y que luego tendrá la salida de sobrevivir sin trabajar, esto es, a costa de los demás, tener dinero con el trabajo de otro, así cumplo mi esencia de ser contemplador. La forma directa para realizar este fin es poseyendo medios de producción[5]. Por otro lado, los aparatos de la industria contenían la finalidad, finalidad que no se aparta de la metafísica del sujeto, el hacer que los hombres utilicen menos su cuerpo y que las distancias se acorten (de ahí la proliferación de aparatos con sufijo tele), que el movimiento muscular sea cada vez menor.
El proyecto ilustrado es el desarrollo educativo (ético-político) de esta metafísica moderna. Se verá que los pensadores del siglo de Las Luces no tomaron para sí el problema latente en toda la historia filosófica anterior, ¿cómo unimos estas dos sustancias? ¿Cómo hacemos que el conocimiento no sea una adecuación entre el pensar y el ser? ¿Cuál es la esencia del ser humano?

II

Kant aclara el problema. La unión entre el sujeto cognoscente y el objeto cognoscido (la cosa en sí) es imposible[6]. El hombre seguirá proponiendo solo hipótesis, pues la verdad se hallará más allá de nuestro poder. Ya en el pensamiento de Spinoza se vislumbra una salida a este problema, al hacer de las dos sustancias parte de una sola, Dios, la verdad pura[7]. El mismo Rouseau pareciera caer en contradicción con la tendencia racionalista cuando por un lado pone en lo alto al hombre diciendo que su esencia es espiritual[8] y, por otro, empieza a fustigar la vida racional apegándose al hombre salvaje[9]. Kant soluciona esta contradicción proponiendo una salida en verdad santa y, a la vez, ingenua[10]. Pero observamos ya en estos dos casos una tendencia negadora de la vida teorética, esto es así porque 1) se lleva la sustancia material a la esencia del hombre y 2) se congratula con la vida dl salvaje, mejor dicho, se va dando a la naturaleza su respectivo lugar, se va descendiendo poco a poco.
Hegel será quien deje de lado esta separación de sustancias y al fin se oirá en el mundo occidental decir que lo racional es real y lo real es racional[11], ¿qué quiere decir esto? Que la sustancia espiritual es material y la sustancia material es espiritual. Que el objeto y el sujeto son lo mismo. Que la naturaleza ya no es nuestra oponente, sino que es parte de nosotros. ¿No es acaso esto una nueva decisión sobre la esencia del hombre? De aquí al materialismo solo hay un paso. El mundo, al ser parte de nosotros, ¿acaso no deja de ser imagen? De aquello seres voladores que vislumbraban todo el panorama desde el cielo, los espíritus, ¿no descenderán estos a su porción de materia mortal y desde el cual verán lo que pueden de su fracción de mundo al que pertenecen?
Es claro que Hegel da este chispazo, pero el pensamiento siempre se muestra incompleto en sus inicios. De este modo, este pensador, tan abstruso como su chispazo inicial, caerá en serias contradicciones, contradicciones que herirán de muerte el mundo moderno.

III

Con Feuerbach volvemos al problema que ha estado latente durante todo el pensamiento occidental: la esencia del hombre.
La esencia del hombre constituye para Feuerbach la razón, la voluntad y el corazón[12]. Hasta entonces la esencia humana se había reducido al alma (espíritu-razón), pero la única facultad del alma era la razón. La voluntad era una característica del cuerpo. El cuerpo es quien desea; por ello, la felicidad suprema se entendía como el cese de los deseos. Además, a la Razón pertenecen todas las facultades cognoscitivas como la imaginación, el intelecto, la opinión, etc., y es precisamente la imaginación una facultad del cuerpo, pues las sensaciones forman figuras, las figuras o fantasmas aun pertenecen a la sensibilidad, al sentido común, y son facultades corporales. Con feuerbach el hombre ya no es intelecto puro, sino una combinación de alma y cuerpo, teoría matizada, claro está, con un cristianismo ya casi por morir sino fuera por el amor. Feuerbach es quien entiende de manera muy clara el pensamiento de Hegel. Aquél nos dice: “Hasta de los objetos más distantes respecto del hombre, porque y en cuanto son sus objetos, constituyen revelaciones de la esencia humana”[13]. El mundo es revelación de la esencia humana. El hombre es naturaleza y viceversa. Este modo de pensar va a traer una nueva metafísica, una interpretación del hombre, del mundo y de Dios que cambiará radicalmente todo modo de expresión cultural. La vida contemplativa al recorrer de los años la metafísica moderna deja de ser un imperativo (los imperativos murieron con Kant) y queda una nueva paideia por realizar. ¿Qué es del hombre a partir de ahora?
Marx se enfrenta ante un problema mayor, ¿cómo hacer realidad esta nueva visión del hombre? En los Manuscritos Económico-Filosóficos es donde Marx derrochará toda su creatividad respecto al problema de la esencia del hombre. Es el primer gran pensador que buscará realizar los pensamientos en la vida práctica, pues al poder material solo se vence con el poder material. Para ello era necesario saber las reglas que rigen el mundo material, solo así iba poder vencer. El problema que se da en la filosofía, es decir, la mala comprensión de la esencia humana creyéndola solamente teórica, será motivo para Marx para explicar esto mismo en el mundo práctico. En este mundo también hubo un momento en que se tomó el mal camino, hubo una pérdida. Así como en las ideas en que la pérdida del cuerpo provocó la concepción errónea de la esencia humana, así la pérdida del trabajo como actividad esencial provocó el capitalismo culpable del desastre de las relaciones sociales. El culpable de esta enajenación es la aparición del intelecto con el cual los hombres pudieron crear medios sofisticados de producción que dividieron las relaciones sociales en dos grupos, poseedores y desposeídos.
La aparición del espíritu había causado esta pérdida de nuestra esencia. Este salirse del cuerpo y concebirse espíritu es lo que de algún modo llama Marx la enajenación. Otra vez, así como Hegel y Feuerbach y en contra del racionalismo ilustrado, Marx pide una recuperación del cuerpo, una vuelta a la vida primitiva en que cada uno trabaja para su sostén y la propiedad era común. Lo objetivo y lo subjetivo dejan de ser un problema para unirse solo cuando el comunismo impere[14]. ¿Dónde está el proyecto racionalista de Marx? Es cierto que se fomenta las ciencias positivas, pero esto ya es un problema que Marx prefirió no tomar mucho en cuenta pues percibía la inevitable contradicción, y más bien fueron sus continuadores los que hablaron de este tema. Pero tomando solo los manuscritos de 1844, texto donde Marx piensa solo, ahí no hay esta fomento de las ciencias. Marx ya no concibe al hombre como una sustancia pensante, él reclama para el hombre volver a la naturaleza, sentirse uno con ella. Solo esta tendencia hace que el mundo sea nuestro extención, o como lo llama Marx, nuestro cuerpo inorgánico. ¿Y quién que no esté puro no desea el bien de su cuerpo? ¿Y la industrialización que propone Marx?

IV

La tesis del eminente profesor se sustenta en que Marx favoreció el proceso industrial del mismo modo que Comte. Se acepta este punto.
El desarrollo del capitalismo tanto en el plano teórico como en el plano práctico, tanto en el análisis filosófico como en el análisis económico, es producto de la comunidad que concibe su ser como algo racional. Es cierto que, por ejemplo, en los aztecas o en los incas, no hubo metafísica y que por lo tanto no debió darse una concepción del hombre en conceptos racionalistas como se hizo en occidente. Un azteca nunca se hubiera dicho que su esencia es racional; el mismo concepto esencia es el producto de la mentalidad occidental. Sin embargo, esto no quita una cierta visión de su ser, sin en conceptos, al menos en imágenes, en mitos. Esto se deduce si observamos con atención su modo de vida. Para muestra un botón: El rey azteca, aquel que representa la perfección humana, para que llegue a ser elegido rey debería ser el mejor en la guerra y el mejor en el discurso. ¿No es acaso este ejemplo una muestra de que la esencia del ser humano azteca era a la vez corporal y logística (uso de la palabra)? Por lo tanto, si Marx propugna una esencia que tenía al alma y al cuerpo como indesligables, ¿no llega a contradecirse cuando defiende la industria? La industria es solo un aspecto de la metafísica moderna, ya sea que la materia domine las ideas o viceversa, esta forma de pensar cae en lo contradictorio, lo contradictorio es el ensamblamiento de dos manifestaciones metafísicas diferentes. La una que propugna una vuelta al trabajo esencial (no enajenado), es decir, una vuelta al cuerpo como realizador de su propio mantenimiento, y la otra, la industria, que quiere deshacerse del cuerpo, pues como ya se dijo, la tecnología (el producto más acabado de la industria) es un intento por hacer de los hombres que usen menos de su cuerpo y paulatinamente los haga ser eternos[15]. Esta contradicción en Marx es insalvable. Pero, ¿qué es más importante, haber vislumbrado la verdadera esencia del hombre o no haber viso que la industria no era producto de esta nueva metafísica? ¿A qué damos más valor?, ¿el percibir la causa o el inadvertir uno de los tantos efectos?
Es por esto que Marx no puede ser considerado un racionalista al modo de Voltaire. Esta destrucción de la metafísica moderna no podría darse en un instantes a lo largo de todas sus manifestaciones; el cambio de la esencia del hombre y sus reales consecuencias la entenderá muy bien el gran Nietzsche, el que odia a Sócrates.
[1] “El siglo de Las Luces o de la Ilustración”. Fernando Muñoz C. (comp.) Prólogo, 2007.
[2] Aristóteles. “Ética Nicomáquea”, 1178ª-28.
[3] Martín Heidegger. “La época de la imagen del mundo”. Santiago de Chile, AUcH, 1958, p. 16.
[4] “Los filósofos medievales”. Clemente Fernández (comp.) Madrid, BAC, 1980, pp. 58, 96, etc.
[5] No hay que discutir este gran aporte de Marx.
[6] Cfr. La “Crítica de la razón pura”.
[7] Baruch Spinoza. “Ética demostrada según el orden geométrico”. Madrid, Alianza, 1999, p. 62: “la cosa extensa y la cosa pensante, o bien son los atributos de Dios, o bien afecciones de los atributos de Dios.”
[8] Jean-Jacques Rousseau. “Emilio” (copias de Muñoz, p. 329): “la vida del alma solo comieza con la muerte del cuerpo”, su educación es precisamente el desarrollo de lo mejor que tiene el hombre, es decir, el alma.
[9] Jean-Jacques Rousseau. “Del Contrato Social”. Madrid, Alianza, 2002, p. 241. Por ello el alejamiento de Voltaire, pues Voltaire fue más ilustrado que Rousseau.
[10] “Filosofía de la Historia”: Bogotá, FCE, 1994, p. 79 ss.
[11] Cfr. “Filosofía del derecho”.
[12] “La esencia del cristianismo” (copias de Muñoz, p. 198).
[13] Copias de Muñoz, p. 200.
[14] Manuscritos, p. 144 (copias).
[15] El ídolo de silicio.