A vosotros no les aconsejo el trabajo sino la lucha.
A vosotros no les aconsejo la paz, sino la victoria. ¡Vuestro trabajo debe ser
lucha y vuestra paz, victoria! Solamente armado con arco y flecha es como puede
callar y estar quieto; de lo contrario se parlotea y se protesta. ¡Vuestra paz
debe ser victoria! ¿Qué la buena causa santifica hasta la guerra? Yo les digo
que la guerra santifica todas las causas. La guerra y la valentía han hecho
cosas más grandes que el amor al prójimo. No vuestra compasión, sino vuestra
valentía han salvado ahora hasta ahora los accidentados. Preguntáis “¿Qué es
bueno?”. Ser valientes es ser buenos. Dejad que las niñas digan: “Es bueno lo
que es bonito y enternece”. (NIETZSCHE)

sábado, 21 de noviembre de 2009

La mujer, el amor y lo divino



Se ama al superior, pues el superior es más grande y poderoso que yo. En otras palabras, se ama lo que causa admiración (thaumáthen). Pero se ama no porque uno lo quiere, sino por necesidad (deomenoi), esta fuerza superior ante la que nos encontramos nos obliga a agachar la cabeza. Por no perder la vida, uno tiene que sumirse, aceptar la superioridad del otro y admirarlo. Después de la admiración viene el amor. Se ama al amo, al que manda.

Si Dios se nos presenta como un poder sobrehumano, el hombre por obligación tiene que amarlo, pues de él depende su vida. Si yo no amo la naturaleza y actúo ante ella como miserable y la daño, la talo, la contamino y no la cuido, entonces ésta va a tener que demostrar por qué es Diosa, pues no por las puras se le tuvo respeto por muchos años. La Naturaleza forma parte de uno de los círculos a la que pertenecemos, nuestro cuerpo es finito ante ella que es infinita. Nuestro cuerpo por “necesidad”, por comida, por reproducción, por salud, necesita de ella, ella no nos necesita, ella es más grande que nosotros. Lo divino se manifiesta de ese modo, por la dependencia vital que tenemos ante ella. Se le ama por que necesitamos de ella.

Veamos de manera sistemática y figurada como funciona este mecanismo religioso. Somos voluntad, al menos el que interviene en este sistema es esa tendencia queriente, es una fuerza que intenta expandirse. El ser humano se abre a lo exterior porque necesita de ello. La necesidad misma, el hecho de que nosotros necesitemos de algo, hace que dependamos. Y también esto nos muestra que lo otro que está fuera de nosotros y lo necesitamos es algo que tiene nuestra misma sustancia. Así, mi cuerpo necesita cuerpos, mi materia necesita materias. Pensemos que esto es nuestra voluntad: un punto en expansión, como una mano que quiere coger.

Nosotros somos un ente que estamos en constante expansión. La expansión es signo de nuestra voluntad de poder. Pero esa voluntad va a encontrarse con fuerzas que vienen de otros entes, que pueden ser aniquilados por nosotros, podemos quitar le vida a un perro, a una planta, podemos desintegrar una piedra, etc. Pero no podemos aniquilar a aquello que no es un ente más. Sino más bien es el fundamento de todos los entes. De la Naturaleza brota las plantas, los animales, los ríos, los truenos, todo lo material, y es algo que no podemos saber cómo se realiza. ¿Cómo podemos aniquilar a la Naturaleza? Ante ello hay una experiencia trascendental de infinitud. Pero sabemos que ella nos puede aniquilar, la muerte de un ser humano no es nada para la Naturaleza. Nosotros, a pesar de todos los avances tecnológicos, estamos a su merced, sin que esto pueda remediarse algún día. Nuestra pobre voluntad sufre de ello, se siente finita y sin siquiera la esperanza de que algún día la pueda vencer. Mucho peor si se la destruye, pues nuestro cuerpo depende de ella y no es posible salirse de ese círculo al cual estamos condenados.
Lo divino siempre se presenta como infinito. Pueden existir fuerzas poderosas, hombres poderosos, pero son posibles de rebatir, aunque sean muy difícil. Lo que sentimos ante lo divino es la imposibilidad.

Cuando nuestra fuerza recibe la negación, sin que por ello no se niegue momentos de afirmación, y según Nietzsche eso es la felicidad, entonces se produce el retraimiento, la represión de fuerzas. La represión de fuerzas provoca la tensión dentro del ente, la intranquilidad, el posible desfallecimiento. Ante ello están los impulsos de defensa que subliman esas fuerzas negadas que ocasionan inteligencia. En el caso del hombre, este sublima su fuerza material y pasa ésta a un plano espiritual. Envés de despreciar esa fuerza que le presiona lo acepta como superior y lo admira, lo ama. Con ese artificio la fuerza que niega nuestra voluntad pasa a ser no nuestro enemigo sino nuestro protector, nuestro amo, a quien se le debe amor. Dios es amor.
Este se puede relacionar mucho con la experiencia del amor, que en muchos seres humanos tal experiencia parece una experiencia religiosa. Y es porque tiene el mismo sistema aunque con una diferencia muy sustancial, lo otro que se diviniza en la experiencia del amor no es el Ser, no es infinito, sino algo finito, perecible.

Una voluntad en expansión puede ser un hombre cualquiera. Él quiere expandir su poder y traerse para sí una mujer. Es un conjunto finito que quiere meter a sus límites a otro conjunto finito. Tenemos que utilizar muchas metáforas en nuestro lenguaje para que se perciba la relación. El campo de acción de este hombre es todo lo que puede hacer y pensar. Pero querer coger a otro ente para sí, en este caso a una mujer, significa que también el campo de acción de la mujer le pertenezca. Quiere tener su cuerpo y su alma para sí, su voluntad le pide eso. La mujer, por su parte, no es un ser infinito, pero puede parecerlo. Ella se niega. Antaño no la protegían las leyes y era cogida a la fuerza por el hombre (y por ello es que antiguamente no se adoraba mucho a la mujer). Pero en nuestras épocas no se puede hacer eso, se tiene que utilizar otras estrategias para cogerla (coger su alma y su cuerpo). Pero a nuestro hombre, utilizando todo su poder, aun se le niega la mujer, las fuerzas de la mujer son más poderosas. La voluntad produce una cierta sustancia hormonal que mientras más quiere más se produce. Esas hormonas necesitan ser desechadas en el otro para afirmar mi poder. Cada vez que sentimos que nuestro poder se ensancha nos sentimos felices. Cada vez que tomamos un territorio nuevo, metemos a nuestros soldados allí, votamos nuestras hormonas como depósito de nuestro poder en el otro. El perro orina cuando quiere delimitar su territorio. El hombre vota estas sustancias donde hay tierras que le pertenezcan, cuerpos (pueblos) que haya vencido. Ahora, si no hay dónde votar estas fuerzas materiales, el ser humano sublima esa fuerza material en espíritu. Por un mecanismo convierte a su “víctima” objeto de su deseo, en divina. Ya no hay deseo, así parece, pues el deseo pasa al inconsciente, y se figura que ella es una diosa a quien se respeta. Ya no se lucha por tomarla, sino le pide, le ruega, le ofrenda, porque él ya no es el importante, sino ella. Ella se convierte en su diosa. Es su amo, y por ende se le ama. He ahí el amor. No es por nada que se dijo más arriba, que uno puede decir te amo, pero en el fondo “suda a goterones”, para repetir al buen Nietzsche, en el fondo de su inconsciente, para repetir a Freud, la quiere tomar para sí, la quiere, en términos físicos, “comer”.

viernes, 30 de octubre de 2009

Foucault, Chomsky y yo



Lo que en este parte se discute es acerca de la tarea política. Chomsky tiene muy presente la idea de que hay dos cosas muy distintas: el campo de los intelectuales y el campo de la acción política; los unos piensan, los otros hacen. Si nos portamos como intelectuales podríamos crearnos en idea una sociedad cuyos poderes posibiliten y hagan que se cumpla y desarrolle la idea de naturaleza humana que tenemos. Esto hace suponer que hay algo así como una fuerza única que lucha contra todo lo no humano. Por su parte, Foucault cree que Chomsky es muy inocente al creer que el poder humano es único y no se da cuenta que dentro de ese poder humano hay lucha de poderes, por la cual el que vence (que es una clase social) se siente como portador de los distintivos humanos y defensor de ella, cuando en realidad ella solo representa a una clase. La sociedad actual, piensa Foucault, tiene a parte del poder estatal, otros poderes que aparecen como ocultos, con fachada de instituciones neutrales, pero que en realidad apoyan a una clase. El politico, el que hace política, tiene que desenmascarar estos poderes ocultos: ¡la política no debe apoyar a ninguna clase! En realidad, Foucault también cree que hay una naturaleza humana que no debe teñirse con poderes externos de ciertos clases sociales que solo ponen en conflicto la sociedad.


El problema se centra en la naturaleza humana. ¿Cuál es? algo que se discute en el segmento siguiente.


Pero sobre lo anterior se dan dos alternativas:


a) Hacer política es idear una sociedad de acuerdo a nuestra naturaleza (Chomsky)


b) Desenmascarar los poderes ocultos de la sociedad (Foucault)

Sin embargo, lo que pienso es lo siguiente...


sábado, 17 de octubre de 2009

LA CONCEPCIÓN DE LA ESENCIA DE DIOS A PARTIR DE LA ESENCIA DEL HOMBRE

Jaime Pereyra



Vamos a investigar ahora lo que ha sido Dios para el hombre, no lo que es Dios, sino lo que nosotros hemos creído acerca de la esencia divina. Dios ha tenido en todo los lugares diversas caras y diversas facetas, desde una papa hasta la Idea Pura, pasando por la vaca, el halcón y hasta mixturas demoníacas de animales salvajes. Dios ha podido estar representad por mil facetas, sin embargo, de todo esto podemos inferir dos diferencias esenciales entre los diferentes tipos de Dios concebidos en todo el mundo: el dios natural y el dios ideal. Los dioses naturales tienen figura, una imagen determinada, pueden tener algunos las emociones y pensamientos de los humanos; algunos mueren, otros no. El Dios Ideal no tiene figura, pues su naturaleza no es física, tampoco tiene sentimientos humanos, mas sí es pensamiento puro, y aunque sin ser natural, tiene el poder de manipularla a su antojo. Es infinito, eterno y pensante. En ambos tipos de dioses el hombre ha fundamentado su verdad, su modo de vida, su religión.

Como nos hemos podido dar cuenta, la cultura occidental, desde Jenófanes hacia adelante ha ido formándose una idea de dios muy espiritualista, tal vez con muchas variantes a través del tiempo, pero siempre conservando esa tendencia ideal, pues le pareció execrable siempre la idea constante de un Dios natural que proponían otras culturas.

Para saber por qué se da esta doble presentación de Dios nosotros tenemos un argumento plausible que toma conceptos y estrategias de la metafísica moderna. Sin presumir verdad más allá de una explicación precisa del tema, utilizamos conceptos como esencia, materia, espíritu, idea… que si bien muchos de estos conceptos ya han caído en descrédito para una explicación racional, nosotros pensamos que estos temas solo pueden ser tratados por estos términos, motivo por el cual caeríamos en el error tratando de cuantificar este estudio.

Cuando Platón[1] se preocupaba por averiguar quién podría ser el hombre que gobierne el mejor Estado nació con él también la idea de que el más sabio, el filósofo, debería gobernar. El hombre que cultive del modo más excelso aquello que se llamó razón o intelecto. El estudio más alto a que se podría llegar era aquél que jugaba con los conceptos divinos y fundamentales. La ciencia, entendida según la modernidad, no era el estudio más alto a que se pueda llegar. Esto suponía que el mejor hombre sea el que manda. La estrategia era la siguiente, el hombre es perfecto y, por ende, mejor, si es que cumplía o ejecutaba lo propio de su ser, lo que más le corresponde. Así, si actuaba como cargador, éste no podría ser un hombre perfecto pues ejecutaba la función del buey. La función, la ejecución o la actualización de la esencia, se entendía como algo que no tenía ninguna otra especie, algo que, por ejemplo, solo el hombre poseía. Y realizando un análisis concienzudo, los filósofos griegos llegaron a la conclusión que el alma racional, en términos generales, la inteligencia, era lo propio del hombre, inteligencia desarrollada a partir del lenguaje. Así como el médico cura a los enfermos y el carpintero hace muebles, así también el caballo sería para esto y el perro para lo otro y el hombre para esto otro, es decir, el pensar. La esencia del hombre era el pensamiento. Pero el mejor, el que debe mandar, y, repetimos, manda siempre el mejor, debe ser para los griegos y en adelante para todo el intelectualismo, el más inteligente. El que llega más alto con su inteligencia, tan alto como para hablar solo con los dioses. Es decir, en el plano del Ser y no del ente. Pero esto no quería decir que el hombre era puro pensamiento, sino que lo propio de él era eso, sin quitar todas las demás facultades que comparte con lo animales. Por muchos años se entendió mal esto, y por ello, el ser humano se olvidó de sus otras partes, cultivándose así la vida moderna en base al olvido del cuerpo, olvido del cuerpo productor de la tecnología, la ciencia y la religión intelectual.

Por otro lado, cuando los aztecas escogían a su rey este debería ser el mejor en la guerra y en la palabra, ¿y por qué no pensaban como Platón que debería ser el más inteligente? Incluso culturas más lejanas de nosotros imponían a su rey a través de una lucha a muerte, aquí el más fuerte era el mejor. En la cultura andina, unos nacían para ser nobles y otros para ser gente común. Había una educación diferenciada. Unos se educan para gobernar, otros para obedecer. En otros pueblos la educación te preparaba para la competencia para llegar al gobierno. El modelo de vida era el que te preparaba para la constitución del hombre perfecto. En los aztecas la perfección consistía en ser fuertes y técnicos para la guerra y oradores para convencer al pueblo.

Jenófanes tenía razón, si los caballos tuviesen dioses, estos también serían caballos. El Dios de uno debe ser de nuestra misma esencia pero con una perfección absoluta. En este aspecto los occidentales se equivocaron al comprender la esencia como la función propia y no como lo que yo era. La primera hizo que el hombre se concibiera como intelecto, la segunda como intelecto y cuerpo. Fue así que el mejor debería desarrollar no solo el pensamiento para ser el mejor, sino también el cuerpo u tras facultades más.

Así también, si yo me concebía como pensamiento puro, entonces Dios debería de ser del mismo tipo esencial, también pensamiento, pero llevándolo a la excelencia infinita, pensamiento o Espíritu Absoluto. Si yo concibo a mi cuerpo y a mi imaginación (notase que no decimos intelecto) entonces mi Dios debiese ser de esa misma esencia, pero en términos absolutos inalcanzables para el hombre, siendo solo los hombres que llegan casi tan alto como para acercarse a los dioses, los famosos semidioses. Por eso los dioses aztecas y andinos tienen imagen y son de materia, pero de una materia perfectísima, es decir, de materia inmortal. Tenía razón Marx cuando decía que el hombre proyectaba sus deseos en Dios, y tiene razón, porque hay una proyección de mi esencia en lo divino. Palabras como la cristiana que dice “Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza” son muy ciertas, y más ciertas aún si invertimos esta frase así “el hombre figura a Dios a su imagen y semejanza”. Lo que ocasionó el pensamiento de Marx sobre la religión fue que todos pensaran que el hombre crea a Dios, que es un simple fantasma creado por el hombre para justificarse de sus debilidades. Interpretación errónea, porque lo que hace el hombre es figurar a su imagen y semejanza a Dios, mas no lo crea; la captación divina, la experiencia religiosa es un hecho, es un hecho que somos finitos y que a partir de ello concebimos la infinitud, a la que llamamos Dios. Es decir somos dependientes de algo más amplio y poderoso que nosotros, pero que en diversas culturas se lo ha imaginad de diversas formas. Lo dicho por Marx vale para la interpretación de Jenófanes acerca de la forma y figura de Dios que concibe el hombre, pero no para desacreditar su presencia, o como lo han llamado, su existencia.

[1] La República, Libro VII.

sábado, 3 de octubre de 2009

OPROBIO A LA LECTURA

CRISTIANISMO Y MODERNIDAD ES LA MISMA COSA, TU ENTRAS A ELLAS POR LA LECTURA... ¿Y QUIÉN QUIERE ENTRAR EN ESE MUNDO TAN FEO?
Por: Jaime Pereyra

Si bien la lectura me ha permitido escribir este artículo y tal vez me haya salvado de tener una vida más triste que la que tengo, sin embargo La LECTURA ahora se me ha convertido en un blanco importante QUE DESTRUIR. La metáfora de la escalera creada por Wittgenstein, si bien es utilizada para enseñar que la filosofía debe ayudar al filósofo a abandonar la filosofía, me sirve mucho para compararla con la lectura, es decir, la lectura misma me debe ayudar a abandonar la lectura, así como mi padre me debe enseñar a derrotarlo, si no no hay vida.
No me imagino leyendo toda una vida, que triste y aburrido debe ser eso. De igual modo, con la escritura, estar metido como topo en una caverna, escondido del mundo escribiendo y escribiendo solo para que me acepten y me quieran, como dicen graciosamente los literatos, la verdad me da risa… Para que me acepten en el mundo occidental, para que en Europa, en Norteamérica me respeten. ¿Pero por qué ellos? Porque ellos tienen el poder de juzgar, al tener los más grandes lectores y escritores. La lectura es un invento occidental lastimosamente. Los libros como instrumento de desarrollo, esa es la idea que tenemos que destruir.
En realidad me avergüenzo de ser un escritor y un lector. Para colmo instigo a mis discípulos a leer. Yo lo pondría en la categoría de un “mal necesario”. Este modo de vida que tenemos nos obliga a tener muchísimos “males necesarios”.
Yo creo que la lectura provoca el centralismo, es decir, la globalización. Por todos lados hay provincianos, solo los grandes países occidentales no son provincianos. Los serranos de Lima, los peruanitos de Europa.
Los inteligentes o son de números o son de letras. O te vas a estados Unidos e Inglaterra, o te vas a Francia o Alemania. Para resolver los problemas prácticos te vas a los anglosajones, para resolver los problemas trascendentales te vas para el continente. Ellos tienen los máximos exponentes en la intelectualidad.
Una mujer, un hombre de mundo, un homosexual, un moderno, un tecnológico, un literato… siempre es un intelectual, aman la lectura, las novelitas, se sienten bien en ellas. Son los refinados, los que son educados, que no gustan de la violencia. La intelectualidad que se adquiere gracias a la lectura te da un estilo suave, delicado, cruzan las piernas los intelectuales, toman su café. Las mujeres se reúnen los jueves con su té para comentar una novela. Los hombres a cambio del té prefieren el café pero igual comentan un libro. ¡Y cómo hablan! A estas personas les miro con recelo, ¡qué educados además son! ¡Qué bien te tratan! Se imponen cierto estatus divino, andan pausadamente pensando en algún libro que han leído seguro.
Conversando con una persona, que antaño vivía como hombre natural, le pregunté por qué vino a Lima, y me dijo para seguir estudiando… Todos vienen al centro para estudiar, pero el centro los manda a trabajar siempre, solo unos pocos que leen más y escriben bonito son aceptados… ¡Amo la lectura! ¡Amo la vida moderna! Dicen. Me disculparán los intelectuales, que saben mucho, que sea antimoderno, con esto he botado la escalera y firmo mi aversión a la lectura. ¡A un guerrero como Atahualpa no le vengas a dar un libro!
Las letras: la gramática, la ética, la poética, la lógica. Señores, ahí tienen la esencia de lo intelectual. En el Medioevo ellos eran los letrados, los lógicos (matemáticos), los poetas, los filólogos y lingüistas, la ética… no es más que filosofía, instrumentos que te ayudan a reconocer a Dios.
El fin de la lectura es reconocer a Dios, con esto no me vayan a tildar de cristiano, en realidad me refiero a otra cosa. Recuerden que Dios es la Verdad, el Bien, la Belleza.
Prefiero, en verdad, jugar un partido de fútbol, tirarme a alguien, emborracharme, conquistar una ciudad, pelearme a muerte… vender… dormir… antes que leer.

La lectura te abre la puerta a la modernidad… Un metafísico de verdad sabrá cuántas fallas tiene esta cosmovisión.
Señores, la lectura fue mi madre y qué tristeza me da ofenderla, antaño fui también intelectual, pero ya no sé qué más me puede dar la lectura… Prefiero denominarme como Nietzsche: Filósofo Guerrero.

viernes, 18 de septiembre de 2009

LA PAREJA IDEAL: INSTINTO Y RAZÓN

Pensando sobre el amor:


¿Cuándo decimos que esa persona es perfecta para mí para vivir el resto de nuestras vidas? Ante esa situación deben coexistir dos elementos imprescindibles: lo inconsciente y lo racional. Lo inconsciente es el gusto, cuando veo a una persona y de pronto me gusta sin saber por qué; este gusto tiene relación con los paradigmas afectivos que tiene esa persona en su vida. Las personas que me gustan tienen un rasgo, un halo, una semejanza, con un ser querido para mí, pero que normalmente no soy consciente de eso. Inconscientemente creo que me gusta de la nada, pero no es así, debajo de ese gusto yacen ideas ocultas en nuestra mente. Este ingrediente inconsciente (orgánico) es lo que domina nuestro deseo, hace que nuestro ser desee a esa otra persona que me gusta, un deseo de posesión, que se traduce en lo sexual y en el dominio de la voluntad del otro, un deseo infantil narcisista. Muchas relaciones se guían por este componente, muchas se vuelven locas o locos por ese deseo, y este deseo se convierte en un sentimiento de amor tanto más difícil sea poseer tal objeto del deseo. Muchas personas creen que con esa parte es suficiente para decidirse a casarse con una persona. Muchas chicas son maltratadas y a la vez siguen enamoradas cada vez más del que las maltrata solo porque inconscientemente creen que es, por ejemplo, su padre, o su hermano; hay una especie de creencia inconsciente de que ese ser que nos pega es un ser querido, y por lo tanto está bien lo que hace. Mayormente esas relaciones si no tienen el otro ingrediente racional que le falta nunca llegan a durar.

El ingrediente racional se da en el hecho de saber que fuera de todo gusto la mezcla de esas dos personas, la convivencia, la simetría, sea la exacta. O sea, que la naturaleza de esas dos personas sea del mismo grado. Solo pueden convivir bien dos personas sanas, por ello se suele aparear a los animales entre los mejores, así también debería haber algo racional, un tribunal, que apareje a los hombres tomando en cuenta su semejanza, sanos con sanos, enfermos con enfermos, jorobados con jorobados, mudos con mudos, etc. Son estos dos ingredientes los que en mi opinión deben prevalecer al momento de conseguir pareja. Muchas personas se aferran a alguien de diferente calibre solo porque le gusta, porque inconscientemente creen que es su hermano, por ejemplo, cuando en realidad ese otro ser no es su hermano, y es difícil que salga esa tendencia de querer identificar al ser querido con la persona que le gusta. Una vez, por ejemplo, yo me aferraba a una chica porque se parecía a mi hermana, aunque no era consciente de ello, y pensaba que al dejarla también abandonaba a mi hermana, pero la realidad es que no son lo mismo, no hay ninguna relación entre el ser querido y la persona que me gusta y que se parece a ese ser querido. Son dos cosas distintas.



Lo único que importa es el hecho de que te guste, pero después de eso tiene que entrar a tallar el ingrediente racional, necesito saber si esa persona se me asemeja, ya no tanto en el biotipo, sino en su naturaleza, si es tan sano como yo o si es tan enfermo como yo.




2008




sábado, 22 de agosto de 2009

ACERCA DE NUESTRA VISIÓN TRASCENDENTAL

La visión genérica de Feuerbach





En el mundo en el que vivo, al cual pertenezco, se da una característica muy importante: no hay absolutos. Cuando no hay absolutos, entonces los hombres van en diferentes sentidos, unos van para aquí, otros para allá, hay una mezcolanza de sentidos. Solución a esto quiere ser la democracia. La falta de sentido hace que nos comportemos de diferente modo, incluso muchos quieren olvidarse de algún modo de esta falta de sentido haciendo una y otra tontería. Uno extraña el mundo de la niñez, un mundo encantado en donde nos dicen que el sentido lo impone Dios.



Ante la falta de sentido, hay tres soluciones: las drogas (la fijación a algo), la imposición artificial de una meta (existencialismo) o vivir el sinsentido del mundo (Nietzsche).



La falta de absolutos indica la eliminación del enlace que hay entre las cosas y el absoluto. Se le ha llamado el descenlace entre Ser y ente. Que los entes no tengan Ser muestra la eliminación de todo absoluto. La metafísica cree que los entes no puedan estar así por así en el mundo, deben tener una causa (un arjé). El arjé es o bien para explicar la existencia de algo o bien para explicar la esencia de algo. De Homero a Husserl han creído esto. El mundo de Wittgenstein lo conforman una serie de hechos atómicos diferentes entre sí, casuales, sin jerarquía, pero con una estructura fija, su figura lógica. La metafísica fue dejada de lado a partir de que en la naturaleza o fuera de ella y en el cual el hombre no intervenga no hay sentido. El sentido está en el espíritu (Husserl, Hartmann, Wittgenstein). El mundo no tiene sentido. La metafísica ya agotó todas sus posibilidades, ya no hay esa relación Ser y ente, ya no hay cosas trascendentales más que la de que el hombre lleva en su ser espiritual.



El último refugio de la relación Ser y ente la dio Husserl, el sujeto trascendental y los objetos. La metodología fue ahora filosofía. Si no hay objetos trascendentales, entonces la metafísica está por las puras. Empieza la filosofía hacerse marginal (Wittgenstein, Ballón).



La aparición de la metafísica no se debe a que se hayan presentado de algún modo a la mente seres absolutos. La metafísica no debe ser entendida como relación Ser y ente. La metafísica se justifica por la visión dual general-particular (tal vez se entienda esto si pensamos sobre la idea de hombre genérico de Feuerbach). La visión dentro del mundo es particular, fuera de ella es general. Esto se da aun aceptando que haya o no haya sentido y menos aun dioses. La metafísica no se elimina con la falta de esos seres.



El pensamiento ha sido tratado de dos modos a lo largo de la historia de la filosofía, por dentro y por fuera. Por dentro de modo trascendental (Kant y Husserl) y de modo psicológico (los amigos de Locke). Por fuera de modo trascendental (Wittgenstein) y de modo lingüista (Pierce).



Decir que el pensamiento sea la proposición con sentido es un decir arbitrario, del mismo modo puedo decir que el pensamiento es la expresión sinsentido. En ambos se muestra un deseo, que yo quiero que el pensamiento sea de tal forma y no de otra. Otra cosa es decir que el pensamiento es así porque es así y no porque yo lo quiera.Marcar un límite al lenguaje, es decir que el lenguaje es de tal y cual forma muy a pesar de mi voluntad, que el lenguaje muestra una estructura, es hablar bien. Pero si digo ello, y luego digo que ese lenguaje es solo mío, digo muy mal. Por ahora mis valoraciones son indiferentes.Hay una diferencia muy grande entre limitar o determinar un lenguaje privado (digamos armar un juego) y limitar el lenguaje en general. Creo un lenguaje de computadoras, pero no creo el lenguaje con el cual todos nos comunicamos, ese lenguaje no es mío, es de la humanidad, o sea de nadie.Lo mismo con la idea de limitar el pensamiento.



El pensamiento, digo de modo engreído, tiene dos facetas: la faceta del ver y la faceta del decir. Con esto saltamos el obstáculo que nos impone Wittgenstein (Los cuadernos azul y marrón), que no hablamos de aquello que hay en mi cabeza porque es imposible decir lo que sucede allí. Husserl salvó el inconveniente proponiendo una psicología a priori. Esto ya es problema de Husserl.Nosotros decimos: veo y digo, de eso estoy seguro. Limitar el pensamiento es limitar el ver y limitar el decir.



Cuando me tiro boca arriba en el piso veo ante mí un cielo infinito y, en medio del cielo, el sol. Digo cielo y digo sol.Cuando subo a la azotea de un edificio y veo hacia abajo veo a mi hermano, mi casa, mi árbol y digo así en tanto los veo… después digo “ellos están sobre la tierra”.



Ahí donde hay visión general solo ahí aparecen los entes a montón. Sólo ahí es posible decir que “al Perú le duele el estómago”. Sólo ahí aparecen los entes ideales, las esencias, las constantes lógicas, etcétera, y, claro, también “etcéteras”.



¿Cómo es que las constantes nacen de la visión general? Vemos un hombre, otro y otro… entonces decimos “lo humano”, la clase de los hombres. La inducción es el llamado que le hacemos a las cosas a partir de nuestra visión general.Que tome una naranja y una manzana en mis dos manos solo es posible sabiendo que pueden estar juntas. Es difícil que un leopardo coja dos cosas a la vez.Los animales que tienen esta doble visión pueden coger dos cosas a la vez. La posibilidad de coger se simboliza en “v” o “&”.



Que Kiko, el hijo de doña Florinda, siendo adiestrado por Jirafales en cuestiones de música, suelte el mango de la guitarra cuando su atención está en el cuerpo de la guitarra, sólo puede ser aceptado como parodia del animal. El animal no tiene doble atención, no es genérico.Los datos de los sentidos se reúnen en un todo.



Se podría pensar que si veo una piedra digo piedra, y si veo el cielo digo cielo. En ambos casos hay simetría. Pero tanto la palabra “piedra” como la palabra “cielo” no tienen la misma equivalencia. Así nacieron las categorías de infinitud. ¿Hay un conjunto infinito? ¿Hay un infinito limitado? No, la esencia de los nombres es señalar una cosa limitada. De algo finito no puede salir nada infinito. La palabra sale de un ente finito, salvo que Dios hable por ello. Pero la palabra de Dios no es la palabra humana, si no hablaría limitadamente.



Los conceptos metafísicos y lógicos son divinos. Pero hablar como algo que no somos solo es bufonería.



Aquello divino que siempre se nos ha achacado viene solo de nuestra visión general, de nada más.



El que ve y el que dice soy yo, fuera de mí todo es infinito. La palabras universo, mundo, cosmos no dicen nada, porque menta lo infinito. La totalidad de las cosas como de sus nombres respectivos es lo que podemos decir, es lo que nos mantiene seguros, porque son finitos.El yo (la visión y su lenguaje) es finito, de ahí que todo querramos hacerlo finito.



A este yo quiero llamarlo “pensamiento”



Ya que el yo es finito y los objetos (con nombre) finitos, y solo por ello, podemos cogerlos con el lenguaje, son decibles. El yo y el no-yo (los objetos) son objetos finitos, no particulares. Son conjuntos finitos. Los dioses son parte del no-yo.



Mi tesis es que es posible aun un lenguaje metafísico claro a partir de estos objetos (yo y no-yo).



El mundo, aquello que yo llamo “mundo”, así debió decir Wittgenstein, es todo lo que acaece. Lo que acaece son todos los hechos con los cuales configuro dos objetos: el yo y el no-yo.



El yo es voluntad.

martes, 4 de agosto de 2009

POSIBILIDAD DE LA METAFÍSICA


Jaime Pereyra (UNMSM)


La falta de absolutos indica la eliminación del enlace que hay entre las cosas y el absoluto. Se le ha llamado el descenlace entre Ser y ente. Que los entes no tengan Ser muestra la eliminación de todo absoluto. La metafísica cree que los entes no puedan estar así por así en el mundo, deben tener una causa (un arjé). El arjé es o bien para explicar la existencia de algo o bien para explicar la esencia de algo. De Homero a Husserl han creído esto. El mundo de Wittgenstein lo conforman una serie de hechos atómicos diferentes entre sí, casuales, sin jerarquía, pero con una estructura fija, su figura lógica. La metafísica fue dejada de lado a partir de que en la naturaleza o fuera de ella y en el cual el hombre no intervenga no hay sentido. El sentido está en el espíritu (Husserl, Hartmann, Wittgenstein). El mundo no tiene sentido. La metafísica ya agotó todas sus posibilidades, ya no hay esa relación Ser y ente, ya no hay cosas trascendentales más que la de que el hombre lleva en su ser espiritual. El último refugio de la relación Ser y ente la dio Husserl, el sujeto trascendental y los objetos. La metodología fue ahora filosofía. Si no hay objetos trascendentales, entonces la metafísica está por las puras. Empieza la filosofía hacerse marginal (Wittgenstein, Ballón). La aparición de la metafísica no se debe a que se hayan presentado de algún modo a la mente seres absolutos. La metafísica no debe ser entendida como relación Ser y ente. La metafísica se justifica por la visión dual general-particular (tal vez se entienda esto si pensamos sobre la idea de hombre genérico de Feuerbach). La visión dentro del mundo es particular, fuera de ella es general. Esto se da aun aceptando que haya o no haya sentido y menos aun dioses. La metafísica no se elimina con la falta de esos seres.


2008