A vosotros no les aconsejo el trabajo sino la lucha.
A vosotros no les aconsejo la paz, sino la victoria. ¡Vuestro trabajo debe ser
lucha y vuestra paz, victoria! Solamente armado con arco y flecha es como puede
callar y estar quieto; de lo contrario se parlotea y se protesta. ¡Vuestra paz
debe ser victoria! ¿Qué la buena causa santifica hasta la guerra? Yo les digo
que la guerra santifica todas las causas. La guerra y la valentía han hecho
cosas más grandes que el amor al prójimo. No vuestra compasión, sino vuestra
valentía han salvado ahora hasta ahora los accidentados. Preguntáis “¿Qué es
bueno?”. Ser valientes es ser buenos. Dejad que las niñas digan: “Es bueno lo
que es bonito y enternece”. (NIETZSCHE)

miércoles, 28 de julio de 2010

EL MEJORAMIENTO DE LA ESPECIE Y LA COMPETENCIA

No se puede deslindar el mejoramiento del individuo del de su especie y viceversa. Por ejemplo, si un boxeador peruano gana el título mundial, quiere decir que el boxeo peruano se está mejorando, o si el arte musical mejora en el Perú se puede decir que un individuo peruano puede ser el mejor cantante del mundo.

Si hablamos de la especie humama aplicamos la misma analogía. Si un individuo adquiere un nivel más de desarrollo, por ejemplo si descubre algo, entonces este descubrimiente se le adjudica también a la especie y es como si la especie también hubiera ascendido. Cuando "un" hombre pisó la luna dijimos que "el hombre" había pisado la luna.

Por ello un individuo no puede mejorar si la especie no mejora y la especie no mejora si no hay algún individuo que destaque.

Además, la competencia mejora al individuo y por ende a la especie.

lA EDUCACIÓN ANTIGUA BUSCABA EL MEJORAMIENTO DEL INDIVIDUO. LA EDUCACIÓN MODERNA BUSCA EL CUIDADO DEL DÉBIL. PARA QUE EL DÉBIL NO SE PIERDA NI SUFRA, ENTONCES NO DEBE COMPETIR; Y CUANDO NO HAY COMPETENCIA, NO HAY DESARROLLO.

En las escuelas de ahora se prioriza que los elementos más débiles (intelectual, física y éticamente) entren a un mediano desarrollo, se les trata con cariño, se les disminuye la tarea, el nivel. Con ello nos olvidamos de los mejores, que, abandonados, en vez de subir, descienden.

Lo malo es que los débiles son los que tienen el dinero: los judíos.

jueves, 8 de julio de 2010

LA AUTODESTRUCCIÓN DE LA BURGUESÍA




"Estoy de acuerdo en que la burquesía está destruyendo el mundo, mas todavía dudo de la solución marxista." (Posdata del 2010)




Este progreso de la burguesía debe poner evidente la verdadera situación de su existir y mostrar todas sus consecuencias. La burguesía, como se sabe, es producto de la enajenación. La enajenación es la priorización del alma en detrimento del cuerpo. La necesidad del alma es hacer uso cada vez menos de su cuerpo, por lo tanto mientras más intelectual te vuelvas menos quieres trabajar físicamente, y más se quiere alejarse de la naturaleza, por ello construye ciudades de cemento que cubran la tierra, que oculten su origen, crea más instrumentos que le sirven de medio para comunicarse indirectamente con la naturaleza, no quiere embarrarse las manos. Por ello es el predominio de la ciudad sobre el campo. Lo curioso de la burguesía es que posibilita su destrucción dentro de ella misma. Pues ella misma empuja a que todos vivan a su modo, lo cual es una grave contradicción. ¿Cómo así es que yo quiero dominar y apoderarme de todas las riquezas a costa de otros y a la vez quiera que todos sean burgueses? ¿De qué modo ayuda la burguesía a crear su propia destrucción? Primero tecnificando la sociedad, con ello acostumbra a los dominados a odiar la naturaleza y el trabajo físico. Segundo, quitándole la tierra al esclavo, lo empuja a inmigrar a la ciudad y dejar el campo. Tercero, dando una educación a través del Estado que convenza de las bondades de esta cultura, con ello todos quieren ser burgueses. Cuarto, al aumentar los medios de comunicación a causa de la búsqueda de nuevos mercados y tierras, los proletarios llegan a unirse y ser concientes de su estado de opresión. Y, por último, quinto, haber rebajado al proletario a su más ínfimo estado (por lo cual no queda otra cosa que defenderse del abuso), llegando a convertirlo en una mercancía más.Estos modos en que la burguesía se destruye así misma también son complementados por otra causa más importante y que es guiada por el deseo infinito del propio burgués. De tanto que quiere el burgués poseer riquezas, la codicia, es llevado a producir exageradamente, con lo cual trae crisis: la epidemia de la modernidad.Es por estas causas que la burguesía debe desaparecer, ella es la que destruye la sociedad. Por lo que queda solo una solución, que los proletarios (por ser revolucionarios y no conservadores) son los encargados de eliminar la sociedad burguesa y desajenar la sociedad. Volver al primitivismo natural.

(2008)


JAIME PEREYRA


viernes, 11 de junio de 2010

LA FALTA DE COMPETENCIA




La filosofía es para los ancianos, digo esto porque la mente necesita desligarse de las sensaciones y de los instintos para pensar con pureza. Al joven por uno y otro lado le acecha los placeres carnales, su mente anda entre la carne y el espíritu. Sin embargo, en estos últimos siglos hemos vivido a la champa, el débil vive como fuerte, los esclavos mandan, la mujer quiere ser hombre, etc., esta queja es la misma que lanza Guamán Poma en su carta al Rey, que el mundo está al revés. El mundo de las ideas, lo ideal, no se cumple en la realidad, hoy la frase “¡qué importa!” pulula hasta en los más idealistas, qué se va a hacer, así es la vida.


Un joven filósofo es una contradicción, pero se da. Es un hecho que jóvenes estudien filosofía en la Universidad.


Ante ese factum hay que tomar decisiones. Por ello la pedagogía de los profesores de la escuela de filosofía debería adecuarse ante esa situación. Pero no es así. El objeto es un ser humano que está ardiendo de pasiones, ese es el obstáculo para los profesores de filosofía, porque ante una cita con una chica bonita o estudiar para un examen de Platón, es más seguro que vayan a lo primero, y es lo más normal.***


La mayoría de profesores piensan que los estudiantes de filosofía son unos ancianos (más allá del hecho de que la filosofía sea para los ancianos, y para los jóvenes la guerra). Si mañana hay un examen de Tomás de Aquino, por ejemplo, y justo hoy tengo una fiesta en donde voy estar con una chica que me gusta, yo como joven estudiante de la UNMSM voy a la fiesta, porque sé que ese profesor siempre aprueba. Con ello me perdí al no leer un gran texto de Tomás. Pero si yo sé que ese profesor es drástico y obliga a que estudiemos porque si no nos jala, entonces dejo toda fiesta y me pongo a estudiar. Si, por otro lado, soy aplicado y me olvido de la fiesta, aun sabiendo que ese curso se aprueba a priori, llegado el final del curso todos tienen casi la misma nota, digamos todos tienen 16. Siento entonces una total desazón.


En aquellos dos ejemplos se manifiesta un rasgo importante de un estudiante joven: la voluntad. Lo que deberían hacer los profesores no es hacerse los ciegos ante la existencia de los instintos en el joven, sino aprovecharlos para el provecho de la escuela misma. El deseo sexual primó ante el amor a la sabiduría, en el primer caso; en el segundo, el deseo de ganar la competencia, o sea ser el mejor en el salón, se reprimió. Los dos resultados fueron en detrimento de la Escuela. El primero se vuelve un estudiante mediocre, el segundo un estudiante desencantado de lo que hace.


El problema está en que en la Escuela, la mayoría de profesores, no ponen presión, y creen que somos unos ancianos que no tenemos cuerpo y que por nuestra propia cuenta vamos a estudiar, como sí lo haría un anciano. Al joven le interesa la competencia, si se quiere unos filósofos viriles, ganadores, competidores que no le tienen miedo a nadie, se debe incentivar a la competencia.La competencia es propiedad de la juventud, el goce que causa un triunfo arrastra a uno a realizar cosas inverosímiles. Si yo sé que si me saco la mayor nota voy a ser premiado con algo, al menos con la mención del profesor, entonces en una noche me puedo leer 400 páginas. Pero si sé que no tendré ningún goce, no llego ni a las 10 páginas.


En la Escuela de Filosofía falta incentivar a la competencia. Falta manipular la voluntad del estudiante para desarrollar su mente. Ante ello, por qué no mencionar a Fernando Muñoz, Dante Dávila, Ana María Gispert Sauch, JaimeVillanueva, David Villena, ellos obligan, ponen presión, dan miedo, así aprende un joven; un anciano no necesita ser presionado para estudiar. No hay concursos, publicaciones, premios, nada que incentive la competencia.

Jaime Pereyra (2008)


3 comentarios:

Francisco Ramos dijo...
Compañero Pereyra:Es problemático lo que plantea. Disculpe que me centre en la parte final de su texto, pero estoy a punto de realizar un dictado para unos jóvenes preuniversitarios: ¿dice que se aprende mejor por el miedo y la presión? ¿Por un mejor sentido e incentivación de la competencia?Es difícil aceptar ello, compañero. Le planteo lo siguiente. Cabría averiguar en qué medida el temor y el miedo son pulsiones tan o más invasivas que la búsqueda del placer o el amor. El miedo no disciplina. El miedo degrada.Por otro lado: la competencia, ¿no se deriva del hecho de temer ser excluído de un grupo selecto de "héroes" que han cumplido con el objetivo de agradar al profesor, ciñéndose a su punto de vista (muy) subjetivo sobre la realidad y problemas que integran la realidad?Evalúe eso, joven Pereyra. Yo también soy joven como Ud. No etiquete a los individuos por cuestiones generacionales.
31 de enero de 2009 16:00

Francisco Ramos dijo...
Retomo el comentario anterior, añadiendo un punto más. Reconozco que señala un problema real: la mediocridad de la enseñanza de la filosofía en San Marcos. Eso es correcto. Nadie puede negar eso. Lo dificultoso es el análisis que hace de la situación.Habría que tratar de vincular dicha mediocridad a hechos concretos por los que ha pasado nuestra universidad. Por ejemplo, la intervención militar del Estado durante la época fujimorista, del cual quedan muchísimos rezagos. Si se da cuenta, el discurso meritocrático (que plantea la importancia de que sólo "los mejores" integren la Universidad) proviene de aquellas épocas. El pretexto era ordenar San Marcos, pero ¿a qué costo?Por eso, compañero, habría que analizar el transfondo de corrupción bajo el que se desarrolló el proceso de intervención. Evaluar las conexiones del discurso meritocrático con los objetivos estratégicos del fascismo en la Universidad y demás instituciones de "educación superior", que apuntaban a hacer una "limpieza" de los elementos más conscientes del estudiantado. Verá que el único objetivo no era aminorar la "carga hormonal" de los jóvenes, sino también su espíritu de lucha y su capacidad de organización autónoma.Un joven no va a la Universidad sólo para llenarse de conocimientos prefabricados, sino para producir conocimiento, y hacer que éste sea aplicable. Obviamente, dotar de aplicabilidad a la investigación requiere no desconectarse de la realidad, no encerrarse en la lectura de libros nomás, sino también enraizar los estudios en las actividades productivas y organizativas de nuestro entorno social.Como verá, los estudios de filosofía en San Marcos no ofrecen eso (y esto sucede incluso en las clases de los profesores que menciona, tal vez con mayor "radicalidad"). ¿No cree que esa es, por lo menos, una de las fuentes principales de la desidia estudiantil, más allá de las pulsiones genitales?
1 de febrero de 2009 06:19

César Gómez dijo...
Antonio, no estoy de acuerdo con esa búsqueda del temor para el cumplimiento de los deberes de los estudiantes. Mi desacuerdo se origina en que el cumplimiento de la responsabilidad que uno asume al ingresar a la universidad no debe ser motivo de pánico. Algunos profesores se complacen en mostrar los estrictos que son y se regodean comentando el temor que producen entre los estudiantes. Esta actitud, en mi opinión, es mediocre. Estoy de acuerdo en que los horarios se deben cumplir, concuerdo contigo en que las notas deben ser asignadas con justicia (y con base vigesimal, porque hay mucho profesor que afirma que su tope es el 15 y que por eso es mejor profesor) y no puedo más que asentir ante tu preocupación ante la virtual inexistencia de concursos o incentivos. Pero mi crítica apunta a otro aspecto que considero más importante, estimado Antonio, y tiene que ver con el ejemplo de los docentes.Tenemos una abrumadora mayoría de profesores que asisten a clase, pero no escriben, que toman exámenes profundos, pero no participan como intelectuales en el mundo fuera de los muros del salón. Yo entré a estudiar Filosofía y no Historia de la Filosofía, que siendo una disciplina indispensable para la primera no es su fin. Qué grata sorpresa fue encontrar el blog de Gonzalo Gamio que activamente participa de la polémica sobre asuntos de interes general desde el punto de vista de un filósofo ¿te imaginas a alguno de los profesores que enseñan en San Marcos haciendolo? ellos prefieren desvelar a los alumnos con el temor al examen o decir frases rotundas para que su corro los celebre. Yo estudie 5 años en san marcos y nunca vi un debate entre profesores , pero un verdadero debate no una danza de palmaditas en la espalda.Si nunca he visto a un filósofo de verdad en la práctica, desenvolviendose entre las contradicciones de un intelectual en el Perú ¿como me voy a interesar genuinamente en la filosofía? ¿a punto de fotocopias? ta dificil estimado antonio

sábado, 17 de abril de 2010

Marx y la esencia de Dios




Tenía razón Marx cuando decía que el hombre proyectaba sus deseos en Dios, y tenía razón, porque hay una proyección de mi esencia en lo divino. Palabras como la cristiana que dice “Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza” son muy ciertas, y más ciertas aún si invertimos esta frase así: “el hombre figura a Dios a su imagen y semejanza”. Lo que ocasionó el pensamiento de Marx sobre la religión fue que todos pensaran que el hombre crea a Dios, que es un simple fantasma creado por el hombre para justificarse de sus debilidades. Interpretación errónea, porque lo que hace el hombre es figurar a su imagen y semejanza a Dios, mas no lo crea; la captación divina, la experiencia religiosa viene a ser un hecho innegable (Schleimacher, Otto, Eliade), es un hecho que somos finitos y que a partir de ello concebimos la infinitud, a la que llamamos Dios. Es decir somos dependientes de algo más amplio y poderoso que nosotros, pero que en diversas culturas se lo ha imaginad de diversas formas. Lo dicho por Marx vale para la interpretación de Jenófanes acerca de la forma y figura de Dios que el hombre concibe, pero no para desacreditar su presencia o, como lo han llamado, su existencia.
2008

lunes, 15 de marzo de 2010

USO Y ABUSO DE LA METÁFORA



La palabra de origen griego "isósceles" se compone de dos significaciones: 1) iso (igual) y 2) sceles (pie o piernas). Nosotros conocemos la palabra a partir de la geometría por el triángulo isósceles. La palabra, si la tomamos desde su significado originario, significaría "pies iguales" o "piernas iguales". Cuando los geómetras intentaron dar nombre a esa figura ideal que nosotros llamamos triángulo isósceles dijeron que era como "dos piernas iguales" o se parece esta figura a dos piernas iguales.


Es una ley que a nuestro mundo de representaciones aparezcan cosas nuevas al cual les falta poner nombre (darles ser). Objetos, figuras, situaciones o algún pensamiento nuevo siempre aparece a lo que nosotros conocemos y necesitamos nombrarlo de alguna manera. Para ello utilizamos las metáforas, las semejanzas. El material del cual nos servimos para hablar de lo desconocido o de lo a-nónimo son los nombres de los objetos o situaciones que ya conocemos. Para dar nombre a esa nueva figura que ahora se llama triángulo isósceles tuvimos que buscar semejanzas, a qué cosa se parece ese nuevo ente (ideal) y utilizamos el nombre de "pierna" y el relacionante "igual". De ese modo nuestro cosmos, nuestro mundo conocido, va llenando su repertorio de nombres (o entes) bajo el dominio de la metáfora.


Si seguimos esta lógica, es válido pensar como lo pensaron Lakoff y Johson en su "Metáforas de la vida cotidiana" que las palabras, especialmente las nuevas, se reducen a significaciones anteriores, a nombres o voces primitivas que ya no se reduzcan a algo más anterior.


Dar nombre significa emplear una metáfora, es la acción de dar ser a lo desconocido con nombres conocidos. En lenguaje kantiano diríamos que se da el traspaso de "la cosa en sí" al "fenómeno". En términos metafísicos, el paso del Ser al ente a través del puente lingüístico.


Se ha pensado muchas veces que la metáfora está solo bajo el dominio de los artistas, especialmente de los poetas. Como si el lenguaje cotidiano y dentro de él no se hablaría de metáforas. La existencia de palabras nuevas implica que se ha hecho uso de alguna metafora.


Mi crítica, a partir de esto, no se da contra el uso de la metáfora, sino contra el abuso de ella. "Buscarle tres pies al gato" en este sentido significa regodearse y vivir en la metáfora. ¿Para qué tantas metáforas? Las películas, las poesías, las creaciones estéticas (sensibles) pululan de metáforas y se piensa que mientras más difícil sea la interpretación, de una película por ejemplo, más vale.


Esta tarea de interpretar o crear metáforas más allá de lo necesario y que se convierte ya no en una tarea vital del hombre (como el de dar ser) sino en un pasatiempo, o en un hobbie, es lo que produce la mala literatura o las malas películas.


Nuestra tarea ya no es interpretar metáforas de metáforas, sino en interpretar las metáforas que hay en nuestro lenguaje cotidiano si así nos queremos acercar más al mundo conocido y desconocido que habitamos. Si las cosas, ideas o situaciones tienen nombre, ¿para qué darles otros nombres? ¿para qué hacer poesía de ellas? Hagamos poesía de lo desconocido, demos nombre a aquello que no lo tiene, no perdamos tiempo en jugar al niño engreído que escribe o pinta algo y al cual nosotros, como zopencos, debemos interpretar.




JAIME PEREYRA

lunes, 15 de febrero de 2010

El reinado de la apariencia



La esencia de la vida contemporánea puede sintetizarse en aquel aforismo muy conocido: "por fuera flores y por dentro temblores". Los seres humanos crecemos con esa consigna de querer aparentar felicidad, belleza, bienestar a costa de todo, sin que importe mi felicidad, mi belleza ni mi bienestar. Entre ser y aparacer no existe ya ninguna relación.


Es lo que ha causado la cosmovisión moderna cuando quitó de lado la idea de trascendencia, cuando quitó a todos los entes su fundamento. Ya no hay Dios, no hay algo así como la esencia, ni siquiera nada verdadero. Desligados los hombres de algo trascendental, entonces son empujados al mundo de la apariencia, a una filosofía solamente del ente, es decir, positivista.


Pero es muy fácil darse cuenta que es mejor preferir ser feliz que aparentar ser feliz. Uno luego se pregunta, ¿por qué entonces nos aferramos ahora más a la apariencia? De ahí le proliferación de fotografías sueltas en internet, donde los individuos buscan aparecer bien en la foto muy a pesar de perder todo lo que soy verdaderamente, las gordas quieren aparecer flacas, los feos quieren aparecer guapos, o sea, dejar de ser lo que son, y aparentar ser otro.


Las mujeres y los homosexuales son en su mayoría muy apegados a la apariencia. Es por eso que este mundo está dominado por estos seres. Basta ver los programas de televisión y encontrarán una gran fila de afeminados y mujeres poniendo su rostro en la pantalla e imponiendo de manera subliminal los valores que se deben seguir.


Los valores de la apariencia están dominados por su rechazo a lo trascendental, lo que importa es el presente, el instante y el olvido de lo transcurrido. Esto hace posible que se pierda la fe en la palabra. Otra vez, son las mujeres y los homosexuales los que en su mayoría no tienen palabra y como esto no pertenece a sus virtudes nadie se lo reprocha. La palabra dicha es pasado, y el pasado no importa. Por eso ya no hay algo así como "palabra de hombre".


Incluso los varones se están afeminando con este mundo de la apariencia. Hay más homosexualidad debido a que la mujer se fue a trabajar y a su rebeldía frente al hombre, lo que ocasiona las separaciones dejando niños sin imágenes paternas. Los hombres han cedido a la mujer, ellos "deben" enamorar, como si se estuviera conquistanto algo más que él. El romanticismo es una corriente cultural que endiosa a la mujer, nosotros diríamos, que endiosa la apariencia, algo que en el mundo antiguo no existía. El hombre, la verdad, Dios eran adorados.


Ahora se adora el instante, el punto y no el fondo.


Cuando nosotros vemos videos de cómo viven los habitantes de los países desarrollados, nos deleitamos de ello. Vemos bonitas casas, con parques, supermercados, alta tecnología, y nos admiramos. Pensamos que así se debe vivir, pero lo que no sabemos es cuánto ha costado levantar eso y a costa de quién. Todo "aparece" como bonito, pero en el "fondo" millones de hombres, de los países tercermundistas, han sufrido una barbaridad para poder levantar esas casas de los gringos, se han gastado los árboles, los ríos, el aire, la vida humana. Solo el dos por ciento de la población mundial da la idea con su forma de vivir que la VIDA MODERNA es lo ideal, mientras que los temblores lo sufrimos nosotros. Los latinos, los africanos, los asiáticos, los árabes.


Y todos queremos vivir como ellos, queremos estar en oficinas, gozando. Si todos fuésemos ingenieros, ¿quién sembraría nuestra comida? Es imposible que todos trabajen en oficinas, que anden haciendo negocios. Los campos se hacen urbes, se pone cemento sobre la tierra. ¿De qué comeremos? Si los estados pobres dictan en sus gobiernos una vida semejante a la de los gringos, donde haya puras ciudades, donde nadie tenga que trabajar la tierra, porque eso es antimoderno, donde nadie crie animales, en donde todo sea vidrio, metal, cemento, sin pizca de tierra, pues el polvo es para los pobres, para los antimodernos, para los antiguos.


Jaime Pereyra

http://antoniopereyra.blogspot.com


sábado, 2 de enero de 2010

LA DOBLE SIGNIFICACIÓN DEL TÉRMINO "POLÍTICA"





La palabra “político” o “política” son sonidos griegos. Esas palabras, casi como nos suenan ahora, se decían hace más de 2500 años en Grecia. Nosotros las seguimos utilizando; es por ello que, como toda palabra, ha ido variando su significación.

En estos tiempos, esta palabra está desprestigiada y ya no suena bonito a los oídos de quienes las escuchan como sí lo era antes, entre griegos y romanos. Una de las diferencias que hay entre lo que vivimos ahora y lo de antes era que antes los pueblos no tenían muchas personas, había más oportunidades. En nuestros tiempos, en cambio, la población mundial es exagerada.
Político viene de “polis”, que en griego significa “ciudad”, “estado”, “conjunto de comunidades”. La Política era una ciencia o técnica humana, no matemática, que estudiaba los problemas de la ciudad y los resolvía. Así como la ética era un pensamiento sobre nuestra vida individual, así la política era un pensamiento sobre nuestra vida social. ¿Cómo mejorar la sociedad?, ¿cómo resolver los problemas de mi comunidad?


Si nosotros entendiéramos que esto significa ser político, entonces no andaríamos renegando de los políticos de ahora. Pero el cambio de significado se debe precisamente al factor “multitud”. En el “ágora” griega o reunión de vecinos, las personas que tenían tiempo se acercaban a la plaza y daban su opinión o discutían los problemas de la ciudad, de tal modo que por votación a mano alzada se tomaba una decisión en nombre de la ciudad. Pero, poco a poco, el mundo, especialmente las urbes, se fueron poblando más. Ya no era posible una reunión entre vecinos, por el cual cada uno tenía derecho a hablar y a votar por cierta determinación. Era necesario un intermediario, un representante. La democracia representativa aparece cuando se hace imposible que todos puedan opinar.

Fue así que por comunidades pequeñas eligieran a un representante para que éste hablara por ellos. El “político representante“ supuestamente debe trasmitir las decisiones que se tomen en los foros de su comunidad a instancias mayores. Y este político era llevado en hombros, era buscado por el pueblo para que los represente.

Los tiempos han cambiado. El político representante ahora busca ser elegido primero, para después dar sus ideas. Para que pueda resolver los problemas de la ciudad, debe antes ser elegido para esa función. Por lo cual, el término “política” se amplió. Además de ser “un pensamiento para resolver problemas sociales”, es “una estrategia para buscar ser elegido representante”.


En los tiempos actuales, la segunda significación ha cobrado mayor fuerza y prácticamente nos hemos olvidado de su significación primigenia. Ahora “político” significa solo una “persona que quiere ser elegido representante”.

Pero si queremos recoger ambas significaciones, el político debería ser una persona que tenga una buena estrategia para que lo elijan representante y a la vez tener la capacidad de resolver los problemas de la comunidad. Y ésta no es una tarea deleznable, más bien virtuosa.

SER Y PENSAR: http://antoniopereyra.blogspot.com